31 octubre 2006

SALATHÉ WALL

Robbins se acerca al "Half Dolar" durante la apertura

La Nose de Harding es la línea más audaz para escalar el Cap. En cambio, la Salathé es la más tortuosa; travesías, diagonales, e incluso rapeles, abundan en su primera mitad. Pero la clave de esta dureza reside en su trazado: la más magistral de las líneas de debilidad de la pared. En opinión de muchos de los más importantes escaladores, esta es la más grande de todas las rutas de escalada en roca del mundo. Un gran porcentaje de la escalada es en libre, de gran nivel, y sobre un granito excelente. Mientras en la apertura de la Nose se utilizaron 125 expansiones, en la Salathé solo se usaron 13, y todas en la parte baja. El compromiso de la ruta estuvo a medio camino entre las tácticas clásicas de asedio y los nuevos estilos y conceptos alpinos. Durante la apertura las cuerdas fijas fueron desplegadas solo hasta el primer tercio del trazado. Dos miembros de la cordada, Tom Frost y Royal Robbins, regresaron a la pared un año después, para realizar la primera ascensión de la vía de un tirón, y sin cuerdas fijas. Este artículo apareció originalmente en el Américan Alpine Journal de 1963.

(Galen Rowell, 1973)



Nuestros músculos se tensaban cuando escuchábamos el barrido del viento en la pared. Segundos después éramos fuertemente abofeteados por una feroz ráfaga de fuerza increíble. Una y otra vez, controlábamos el estado de nuestros fenomenales sacos austriacos de vivac, ya qué, sin ellos, estaríamos completamente expuestos a la intemperie de los elementos. Las brutales ráfagas se alternaban con períodos de calma, momentos en los que la lluvia hacía acto de aparición. El drenaje natural de la pared se ordenaba, y una potente ducha acababa cayéndonos encima. Esta tempestad estuvo azotándonos durante cinco interminables horas, de aquella noche de mediados de Octubre de 1962. Tom Frost y yo, nos encontrábamos acurrucados sobre una larga pero estrecha repisa, a unos 800m de altura sobre la cara suroeste del Capitán, también conocida como Salathé Wall.
Joe Fitschen abriendo el L2

Tom Frost durante la apertura


La razón por la que nos encontrábamos en aquel desagradable lugar, y a esas intempestivas horas, estaba directamente relacionada con los hechos acaecidos el 12 de Noviembre de 1958. Aquel día, Warren Harding, Wayne Merry y George Whitmore completaron la primera ascensión de la cara sur del Capitán, y abrieron una elegante e impresionante ruta directamente sobre la “Nariz” de este monolito. Para ello usaron 900 metros de cuerdas fijas, varios centenares de pitones, 125 bolts, y 45 días de escalada, divididos en varios ataques, y durante un margen total de un año y medio de duración. Dos años después, cuatro jóvenes de California, Joe Fitschen, Tom Frost, Charles Pratt, y yo, realizamos la segunda ascensión, que por otro lado, puede ser considerada como una primera de carácter especial, ya que fue la primera vez que se subió la ruta de manera continua, durante siete días enteros. Y fue posible gracias a la información sobre la primera, y a la utilización de los bolts colocados por Harding y sus compañeros durante la apertura.

Chuck Pratt y Royal Robbins en la "Heart Ledge" durante la apertura


La Salathé Wall está claramente separada de la cara sureste del Capitán por la “Nariz” de éste, que sobresale audazmente sobre el valle de Yosemite. En Septiembre de1961, Tom Frost, Chuck Pratt y yo, hicimos la primera ascensión de la Salathé. Este enorme precipicio recibe su nombre en conmemoración al gran pionero de la moderna escalada en roca estadounidense, John Salathé. Nuestra ruta comienza a unos 30 metros del comienzo de la Nose, y atraviesa hacia el oeste para buscar la Hollow Flake Ledge (Repisa de la Laja Hueca), a una altura de unos 330 metros, y desde donde alcanzaríamos la cumbre del Cap, mediante un recorrido bastante directo. A pesar de que la primera ascensión de la Nose supuso un asedio prolongado (mediante la utilización de centenares de metros de cuerda fija), nosotros trataríamos de abolir tales métodos en lo posible, con el fin de aumentar la aventura con, al menos, una moderada dosis de incertidumbre. Nosotros teníamos ya perfectamente claro que si se dedica el tiempo suficiente, cuerdas fijas y bolts, y grandes dosis de determinación, cualquier sección de cualquier pared rocosa podría ser escalada. Para eliminar esta certidumbre que nos apagaba el júbilo de la escalada, decidimos realizar un intento, dividido en dos fases. La primera duró tres días y medio, y nos llevó por toda la travesía hasta la Lung Ledge (Repisa del Pulmón), a casi 300 metros del punto de partida. Desde allí descendimos al suelo por cuerdas fijas, para regresar pocos días después, a terminar la escalada en un intento extremo. Subimos a prusik, quitamos las cuerdas fijas, y subimos hasta la cumbre después de 6 días de la escalada mejor recompensada que hayamos hecho jamás. En conjunto, y después de 9 días y medio de escalada total, pusimos 484 clavijas y solo 13 bolts.

Chuck Pratt abre en bavaresa el largo que lleva a la "Hollow Flake"

TM Herbert encara una placa de 5.9

En Septiembre de 1962 (con Pratt en la mili), Frost y yo regresamos a la pared, junto a TM Herbert, para intentar escalar la vía de un tirón (Yvon Chouinard y Steve Roper hicieron un intento la primavera del 62, pero, después de un prometedor comienzo, tuvieron que renunciar debido al nefasto y extenuante acarreo de petates).
Al ser finales de mes esperábamos buen tiempo, pero sufrimos unos dos primeros días muy calurosos, más propios del mes de Julio. Además, yo había contraído alguna enfermedad que me hacía sentirme completamente extenuado ante pequeños esfuerzos. Al final del segundo día llegamos a vivaquear a la Hollow Flake Ledge. Nuestro punto máximo alcanzado estaba a unos 400 metros de altura, o sea cerca de 100 metros por encima del vivac.


TM se da la "Hollow Flake crack" (5.9)


El cielo comenzó a ponerse oscuro poco antes del anochecer, así que, según nos dormíamos, implorábamos a cualquier deidad meteorológica que hubiera para que mandase agua a nuestros desecados cuerpos. Cada vez que aparecía alguna nube aparente sobre nosotros, abríamos nuestras bocas y sacábamos las lenguas para recibir cualquier gota que cayese. Pero no hubo que esperar mucho para que nuestros ruegos fueran más que satisfechos. Incluso, a riesgo de ser malvado, yo diría que el dios de la lluvia no se demostró como un juez ecuánime al atender nuestras peticiones verbales. Aquella noche, en cosa de pocos minutos iba a caer un espesor de cuatro dedos de granizo sobre la repisa.
Y nosotros allí, cogiéndolos a puñados, llenando nuestras resecas bocas con ellos; y tragando lo más rápido que podíamos. El agua comenzó a chorrear con fuerza por la pared, y nosotros a lo “Charlie Chaplin” por la repisa, corriendo para llenar nuestros recipientes de agua. Pero solo conseguíamos un líquido diabólico lleno de sedimentos y de malísimo sabor. El violento aguacero continuó durante toda la noche, y fue acompañado de brillantes destellos eléctricos con sus consiguientes truenos, que reverberaron todo a lo ancho y largo del valle. Fue excitante, aunque completamente imposible para descansar.

Pasamos durmiendo la mayoría del día siguiente, que salió bastante bueno y soleado. Estábamos agotados físicamente, y completamente indispuestos para la escalada. TM Herbert comenzó a sufrir un mal similar al mío, pero nos consolamos pensando que un día completo de descanso e hidratación, serviría para recuperarnos y poder acabar. Desafortunadamente, la mayoría del agua que recolectamos de la pared la noche de la tormenta, estaba pútrida e imbebible.
La cuarta mañana apenas sentimos mejoría, así que decidimos descender. Esto requeriría varias horas de metódico y precavido trabajo, y necesitó de un enorme péndulo desde nuestro punto máximo alcanzado (a unos 425 metros de altura) para recuperar la distancia horizontal hasta la Lung Ledge, desde donde podríamos rapelar hasta la Heart Ledge, y de ahí al suelo.

El siguiente intento de hacer el primer ascenso continuado de la vía, llegó en Octubre. TM había regresado a la región sur de California, así que Tom y yo estábamos solos. En esta ocasión reduciríamos al mínimo todos los posibles riesgos, y entramos con la mínima comida, agua y material. De agua solo 15 litros, cuatro de los cuales estaban ya en la Hollow Flake Ledge desde el intento anterior. La experiencia nos había demostrado que podríamos conseguirlo con esa cantidad. De pitones solo llevábamos 60, y de mosquetones 50, además de un buen suéter para el frió cada uno, y un buenísimo y ligero saco de vivac “Sporthaus Schuster”. Llevamos la cámara de fotos esta vez, pero dejamos abajo el kit de bolts.


La mañana del 10 de Octubre comenzamos la escalada. El cielo estaba despejado y la temperatura era fresca. No había ni rastro de las lluvias pronosticadas. Pero avanzada la mañana, fragmentos y formaciones de nimbo-estratos comenzaron a moverse velozmente desde el sur, y dio la impresión de que el Departamento de Meteorología, que no había dado en el clavo con la previsión de lluvias, acertaba finalmente.
Según las nubes nos iban cubriendo hacia el norte, Tom se daba muy habilidosamente los largos difíciles de una zona lisa en la que habíamos colocado los 13 bolts en la apertura. El uso de bolts en esta sección fue originalmente reducido mediante tramos de escalada en libre en placa, y una parte de un pitonaje bastante delicado y desquiciante para los nervios.



Acercándosea "The Ear" durante la apertura


Según se iban espesando las nubes escalábamos el ya conocido como “Half Dólar”, y llegábamos a las “Mammoth Terraces”, a 300 metros del punto de partida. Después destrepamos unos 15 metros y rapelamos unos 50 hasta la “Heart Ledge”, en la base de una enorme concavidad con forma de corazón, una de las formas más evidentes y características de toda la pared. Desde allí lideré el siguiente largo que lleva hasta la “Lung Ledge”. Y después vino un emocionante péndulo por parte de Tom, seguido de una fisura de unos 40 metros, que luchó empotrándose hasta llegar a la “Hollow Flake Ledge”. Este largo fue dado, en el intento anterior, por TM Herbert, del mismo oscuro modo en el que yo la escalaba ahora, de segundo. La aparición de la lluvia era inminente.

Saliendo de "The Ear", en la apertura


Para nuestra sorpresa, no llovió aquella noche. Ni tan si quiera por la mañana, con todas las nubes que había. No encontramos ningún impedimento debido al calor, así que nos forzamos a beber agua para aligerar peso. Después de varias horas de mezcla de escalada en libre con artificial, llegamos a la “Ear” (Oreja), una laja que nos había ocasionado grandes dificultades y retraso durante la apertura. Una espantosa formación que tratamos de evitar en un infructuoso intento de varias horas, pero que atacamos directamente al final. Ello supuso técnicas de escalada en chimenea para avanzar horizontalmente por detrás de la laja, con toda la abismal caída viéndose por la abrupta abertura de su fondo.


Abriendo la chimenea final de llegada al "Cap Spire" (5.8)


Tom escaló muy tranquilo este angustioso largo. Solo dio algún grito de terror que otro, y algún gemido de horror. Después pitoné durante casi 50 metros hasta una pequeña repisa, y seguidamente vino una durísima fisura de empotramiento, que nos llevaría a la base del “Cap Spire”, una laja de casi 30 metros de longitud que se separa ligeramente a modo de gendarme. Un buen chaparrón y fuertes vientos nos azotaron en esta sección, y todo parecía indicar que la escalada seguiría en la misma línea. Y así fue, escalamos en chimenea hasta lo alto de la aguja, y desde allí lideré unos 20 metros del siguiente largo. Pasamos la noche en lo alto de la aguja, a 550m de altura. El cielo estaba repleto de nubes, y un fuerte viento soplaba desde el sur, pero por segunda noche consecutiva, nos libramos de la lluvia.

El "Cap Spire"


El día siguiente continuó con ese tiempo, Era excelente para la escalada: fresco y estimulante aunque amenazador, pero solo amenazador. Al anochecer del tercer día habíamos alcanzado 750 metros de altura sobre la pared, y nos enfrentamos a una importante decisión. Podíamos rapelar 40 metros hasta una buena repisa de vivac, o intentar seguir de noche hasta la “Sous Le Toit Ledge”, a unos 20 metros en horizontal, y sobre una panza, lo que requeriría un largo complicado (péndulo incluido).

Chuck Pratt abre la fisura tras el Cap Spire


Después de valorar fríamente todos los factores, decidimos continuar escalando. Y fue acertado, ya que comenzó a lucir una hermosa luna llena tras las nubes, que evitó el uso nuestros frontales, casi en todo momento. Así llegamos a la repisa, a eso de las 11:30 pm, y nos dispusimos para un frió vivac. Los fenómenos atmosféricos aun presagiaban nieve o lluvia, y con todas aquellas nubes llegando desde el pacífico, no tardarían mucho en llegar las precipitaciones. La cuestión era: ¿cuanto tiempo se demorarían?


En "The roof"


En la mañana del cuarto día escalamos un enorme e interesante largo, para llegar a un desplome de unos 6 metros que habíamos llamado “The Roof”. Sortearlo supuso una cadena de escalones, desplomados unos sobre los otros, y trajo algunos de los momentos más agotadores y espectaculares de toda la vía.
Por encima aguardaban unos 60 metros de pared, de desplomado muro somital. Su escalada fue toda en artificial, muy dificultosa en algunas partes, y muy lenta. Durante todo el día, el viento sopló en fuertes y continuas ráfagas. Podíamos ver moverse los árboles del fondo del valle, como si de un pastizal o de las espigas de un trigal se tratase. Sobre estribos en las reuniones, éramos violentamente zarandeados a uno y otro lado. La situación nos impedía pitonar desde los peldaños altos de los mismos.

Un desplome de los últimos largos


Al anochecer nos encontrábamos en la “Thank God Ledge”, justo a tiempo de prepararnos, para la lluvia que el viento lanzaría contra nosotros durante toda la noche. Justo antes de amanecer algo de nieve precipitaría sobre la repisa, mientras en la cumbre, 90 metros más arriba, un espesor de casi 10 centímetros tapizó la superficie.
Por la mañana nos tuvimos que obligar a nosotros mismos a salir del saco. Con un considerable esfuerzo comimos algo, y bebimos un poco de agua. Las precipitaciones habían cesado y la tormenta se marchaba hacia el sureste. Entumecidos, escalamos muy lentamente.


Tom Frost comienza a abrir "The Head Wall", durante la primera ascensión


Según terminábamos el primer largo el sol comenzaba a brillar sobre nosotros, y una gran ventana se abría en el cielo. Según se fundía la nieve superior comenzaron a formarse grandes chorreras pared abajo, y Tom fue alcanzado por un trozo de hielo. El último largo fue como un clímax para el conjunto de la escalada. Durante la apertura, fue Chuck Pratt quién dio este largo. Ahora me tocaba subirlo a prusik, y petateando, pero Tom pudo subir disfrutándolo; maldiciendo y alabando las poco comunes facultades y el talento de Chuck.


En plena "Head Wall" durante la apertura


Muy cerca de la cumbre



La escalada terminó con un tiempo magnífico. Con diferencia el mejor día que hemos disfrutado nunca en el valle de la Sierra. El aire era fresco, pero la incidencia directa de los rayos solares era cálida, y muy amigable. Toda la parte alta de la comarca estaba blanca de la reciente nevada, y las partes altas del valle estaban cubiertas por medio palmo de espesor. Miraras a donde miraras, por lejos que fuera, cada pico o monte se recortaba elegantemente sobre el oscuro azul del cielo. Todos nos sentíamos verdaderamente pletóricos de espíritu, según descendíamos, a través del bosque, hasta lo hondo del Valle.

(ROYAL ROBBINS, 1962)

2 comentarios:

superstar dijo...

welcome

Javi L. dijo...

En la línea de los demás artículos... buenísimo.