17 febrero 2006

CLAVEL ROJO

Vía “Clavel Rojo” (Risco del Hueso), 1974



El 25 de Abril de 1974 los trabajadores y las fuerzas armadas de Portugal, se unen para derrocar la dictadura más vieja de Europa. Una semana más tarde, cientos de miles de personas toman las calles de Lisboa en pos del socialismo y la nacionalización de la economía. Claveles rojos, símbolo del movimiento, sobresalen de los fusiles de los soldados. En esos momentos, Daniel Guirles y Luis Campos “Luiso”, terminaban de abrir una vía en el Hueso, y como homenaje a este movimiento revolucionario, decidirían bautizarla con el nombre de “Clavel Rojo”.

La descomunal tarea que supuso la apertura de esta burilada, ha sido, sin lugar a dudas, la más grande de las obras que jamás se hayan llevado a cabo en la historia de la Pedriza. Además del gran esfuerzo que supuso surcar los sesenta metros de desplome, y los veinte de techo, todo ello a golpe de maza, con aquella apertura se escribía una importante página en la historia de la escalada artificial. Daniel Guirles lo recuerda:

Fue una de las cosas fuertes que se hicieron entonces. Ya habíamos hecho varias de las vías clásicas de artificial de la Pedriza para coger fuerza, pero, además, esto nos servía para conocer otros tipos de escalada que no fueran, solo, la escalada libre. De este modo, entrábamos en contacto con la escalada total (DG).

Como cordada, Daniel y Luiso ya habían conseguido repetir vías como el Espolón Geta al Cancho Amarillo, la Guadarrama de la Quinta Buitrera, o la Norte de la Maza, y, en ellas, encontraron toda una nueva fuente de sensaciones:

Este tipo de vías, muy verticales y extraplomadas, siempre me han fascinado. Los “techos” también tienen un atractivo muy especial para mí. Es increíble la sensación de superarlos, separándote de la vertical, colgado en el vacío (DG).


Según recuerda Luis Campos, la gran innovación que supuso esta vía residía en que, además de tener que hacer reuniones colgando de estribos, la cordada debía compenetrarse, absolutamente, para realizar todo un sistema de movimientos, hasta entonces inusitados, en la Pedriza. "Además, había bastante miedo con el tema de los buriles, porque no sabíamos cuanto aguantarían " añade Luis Campos.

Las diferentes circunstancias laborales de Luiso, que trabajaba en un bar, y Daniel, con trabajos más eventuales, dejaban mayor tiempo libre a este último para poder dedicarse al “Clavel”.
Lo que hacía era quedar con algún colega que también estuviera despistadillo del sistema, y salía a escalar entre semana. Así fue como me junté con “Rolando”, otro amiguete de los UBSA, que me ayudó, asegurándome, los primeros días
(DG).

Madurada la idea, durante algún tiempo, una tarde, decidieron acercaron a la base del risco con la intención de pasar allí la noche, y emprender la tarea a la mañana siguiente. "Siempre solíamos hacer noche en la Pedriza. Nos gustaba coger el saco y dormir en cualquier sitio" comenta Daniel.

El día había estado revuelto, y a última hora, una fuerte tormenta les dejo bloqueados al pie del risco, empapándoles por completo. A la mañana siguiente, subieron esa especie de chimenea que da acceso al desplome del Hueso, y, a pesar de que el mal tiempo continuaba pudieron emplazar los dos o tres primeros buriles.
"Estábamos derrotados y no habíamos dormido. Empapados por completo, la lluvia de aquella mañana terminó por desanimarnos "recuerda Daniel.

La colocación del primer buril (según recuerda Rolando), acabó quitándoles media mañana. El tornillo era demasiado gordo, y tuvieron que limar una chapa recuperable para poder comenzar la ascensión. Antes de retirarse, dejaron un par de mosquetones colgando de los buriles. Aquello significaba: tarea comenzada, y servía para demostrar sus intenciones de continuar con la apertura.

Según Daniel Guirles, ese mismo día otra cordada aspirante había llegado al Hueso. Ese día llegó el “Maya”, un amiguete que también estaba detrás de abrir aquella vía.
(Esta no sería la primera vez que, gracias al empeño en dar comienzo a sus proyectos, Daniel y Luiso fueran a adelantarse, por poco, a otras cordadas en la apertura de vías)
José Maya, al ver que persistían en sus intenciones sobre aquella vía, abriría la “Heidi”, que fue otra burilada que ascendía en vertical por la placa de la que se separa el Hueso.
Nosotros, si en algo somos fuertes, es en no cejar en el empeño. Una vez que empezamos una vía, no acudimos a ningún otro lugar hasta darla por terminada. Nunca hemos dejado nada a medias (DG).


El protagonismo del grupo arriba mencionado de los UBSA, en la escalada de la época merece abrir un paréntesis respecto a la descripción de la Clavel Rojo, sobre la que se volverá mas abajo.

Los UBSA (cuyas siglas han tenido diversos significados, como el más común, de Unión de Buitres Socialistas y Anarquistas, o el de Unión Bacteriológica de Seres Anodinos, entre otros), era un grupo de amigos del Barrio de Atocha, de Madrid, que se reunía en el entorno de la iglesia de los Salesianos, y que compartían una gran pasión: la escalada y la montaña. Como escalábamos mucho juntos, llegamos a ser todos muy buenos amigos y camaradas (DG)

En sus viajes a los Pirineos, entraron en contacto con otro grupo de escaladores de Barcelona, que se denominaban “Los Piratas”. "Con ellos coincidíamos en sitios como Riglos o Terradest, en las salidas de los puentes " recuerda Daniel.
Los Piratas habían comenzado a llamarles a ellos “Los madriles”, y como este apelativo no le hacía gracia, por iniciativa de Rodolfo Assas, se auto-proclamaron “Los UBSA”.

Este peculiar grupo de amigos estaba integrado por los siguientes personajes:
Daniel Guirles, Luis Campos, Ramón Portilla; Pepe Guerrero, Tito de la Fuente, Luis Rodríguez (Rolando); Pedro Oliva, Ramón García (Ramoncín), Rodolfo Assas; Mario (el Niñato) de la Fuente (hermano de Tito), y José Luis Ortiz (el Tronco).

Luiso recuerda lo duros que fueron aquellos primeros viajes:

Para llegar a Riglos íbamos en tren hasta Zaragoza. El tren llegaba a las doce de la noche, y hasta las seis de la mañana, que salía el Canfranero para los Mallos, tratábamos de burlar a los grises tumbándonos en el suelo de la estación. Pero siempre nos despertaban de una patada, para ponernos derechos y hacernos guardar la compostura. Según llegábamos al pueblo, nos metíamos en la pared; y el domingo, también escalábamos. Después otra de estas noches en Zaragoza, regresábamos, de madrugada, a Madrid (LC).


Los UBSA, nutridos de algunos de los mejores escaladores que hayan salido de Madrid, solían atacar, en masa, la mayoría de los riscos de nuestra geografía.
A lo mejor íbamos a los Picos de Europa y nos metíamos todos a machete en la Oeste del Naranjo (DG).
Más que romper mitos, lo que solían conseguir, era rebajar los mejores horarios que existían para las escaladas clásicas
Teníamos mucha rapidez y ligereza porque estábamos todo el día escalando. Nuestra vida era eso: escalar. Aunque también trabajábamos de vez en cuando (DG).

Cuando viajaban a los Alpes, la precariedad económica de aquellos años en España, se dejaba sentir nada mas cruzar la frontera:
A veces, con el Tito nos hacíamos tres mil kilómetros de ida y vuelta hasta Chamonix, con un destornillador y una “vampira”, para reventar los tapones de los depósitos de los coches franceses, y sacar gasolina. Era pasar allí y levantar sospechas, pero o hacíamos eso, o no llegábamos.
Una vez en Chamonix, por las mañanas, el Pepe y el Tito tocaban a “operación abanico”, y salíamos todos a robar pan y leche para el desayuno; y para ducharnos, nos íbamos al camping y metíamos un cuchillo por el agujero de introducir las monedas.
No era un tema de hacer acopio de nada por avaricia, era por pura necesidad
(LC).

En la Pedriza, el risco predilecto de los UBSA era el Hueso. Vías como la Tito-Rollin-Bus, el Diedro Rodolfo-Toni, la Ratonera, o el mismo Clavel Rojo, son buena prueba de ello. Además de éstas, y sin olvidar el resto de las Guirles-Campos de esta escuela, pueden encontrarse otra serie de grandes aperturas con su firma: la UBSA al techo del Puente de los Pollos, la Pako Zamorano al Gran Molondrio, la Norte de Los Guerreros (una de las primeras vías abiertas con fisureros), o la Mario Samuel Gordons de la cara sur de Peña Sirio. Esta última lleva el nombre de un joven escalador que, con quince años de edad, murió en un accidente, en Riglos. Con su madre, todos los UBSA (y en especial Pako Zamorano, que fue el iniciador de la mayoría de ellos en la montaña), se volcaron haciendo proyecciones con rifas de material, para costear el traslado del cuerpo de su hijo, desde Zaragoza.

Según recuerda Daniel Guirles, a la hora pernoctar, los UBSA tampoco debían quedarse cortos: También teníamos fiestas y desmadres importantes, aunque siempre con mucho respeto por la naturaleza y el entorno. Así mismo, teníamos consideración con los mayores, a los que siempre hemos respetado mucho.


Las tareas de apertura de la Clavel Rojo se prolongaron durante varias semanas, y dependiendo de lo bien que se diera la jornada, podían llegar a meter entre cinco y diez buriles en el desplome.
La desmesurada cantidad de tornillos y chapas que eran necesarios, suponía un problema, habida cuenta del precio que tenían en las tiendas de montaña y del poco dinero de que disponían. Este problema nos lo solucionó nuestro amigo Miguel Atance “Chamonix”, que era mecánico de coches recuerda Daniel.

Miguel Atance disponía de unas piezas que se utilizaban para sujetar los motores de los coches, en las cadenas de montaje de las fábricas. Cada pieza tenía dos agujeros, uno pequeño por el que pasaba el tornillo, y otro por el que se metía el mosquetón. Este último era más grande que el habitual de las chapas que se vendían en las tiendas.
Los tornillos también tenían su historia particular:
Los tornillos los preparábamos nosotros. Yo soy bastante delicado para eso. Los compraba en una ferretería del Paseo de las Delicias, y eran de hierro acerado. Los afilábamos, sesgándoles un poco la punta con una lima, para meterlos bien centrados desde el principio. El truco consistía en dar bien los primeros golpes (DG).


El estilo aperturista de Daniel y Luiso se basaba en no abusar de los buriles, pero los que ponía, los ponía a conciencia.
Siempre me he preocupado mucho de que mis buriles quedasen bien colocados. Me esfuerzo mucho en ponerlos en buena roca, y, además, en que cada chapa quede lo mejor posible y no se mueva (DG)

Esta minuciosidad en el tema de los seguros fijos le llevó a sustituir por su cuenta y riesgo, costeándolos de su bolsillo, algunas de las más obsoletas instalaciones de rapel que existían en la Pedriza. Sus sistemas de descuelgue consistían en una sirga o cable de acero, sujeta con varios de sus buriles, abrazada con dos “perrillos” de seguro.
Además, a todas mis chapas siempre les he grabado las siglas DG, porque nunca nadie me ha dado dinero para ellas; ni tiendas, ni federaciones.

Cada fin de semana, Luiso y Daniel se alternaban en las repetitivas y costosas tareas de burilado del Clavel Rojo. El proceso era agotador, y la burilada en desplome, en aquella época, se graduaba de A2, cota más alta de artificial, que se hacía en la Pedriza, en aquel momento.

La vía comenzó con una docena de buriles, y, después de pasar la fisura (que les permitió la colocación de alguna clavija, y ganar en velocidad), instalaron una reunión de tres buriles.
Por miedo a arrancar estos buriles, en el momento de estar las dos personas colgadas de la reunión, el proceso de progresión al llegar a este punto era el siguiente: cuando llegaba el segundo de cuerda, el compañero le recibía ofreciéndole dos estribos encadenados, que colgaban del primer buril, del siguiente largo. De esa manera nunca se cargaba la reunión con el peso dos personas. El segundo subía la cadena de peldaños, y daba comienzo al siguiente largo.
Poco a poco, entre los dos, y tratando de controlar mucho los movimientos de “cigüeñeo”, para no cansarnos demasiado, conseguimos llegar a la parte del techo
(DG).

Llegado el momento de franquear el techo, la progresión volvía a complicarse, y se duplicaba, en dificultad, el trabajo de burilado. Hasta allí el Hueso era un desplome, pero, a partir de esta zona, ya no existía ningún contacto con la pared." El trabajo era durísimo y me salían muchas llagas en las manos. "comenta Daniel.


La segunda y última reunión, la hicieron saliendo a coger una oreja de roca que forma una especie de “flaco” en un filo, para abrazarla con una cinta, y evitar la colocación de más buriles. Una vez subidos cómodamente en aquella “oreja”, procedieron a montar una reunión de tres seguros fijos.
Desde allí se bajaron mediante un rapel volado directo al suelo. "Muchas veces, cuando la repetíamos, llegamos a hacerla dos veces seguidas para entrenarnos. "añade Luiso.

Como no podía ser menos, las colosales proporciones de aquella burilada levantaron sarpullidos entre numerosos escaladores y asiduos de la Pedriza. Luis Rodríguez, Rolando, plantea así su visión del por qué de esta polémica:

La polémica del Clavel Rojo surgió porque se abrió en una época en la que se empezaba a tender a la escalada libre, y de ahí el que fuese tan criticada.
Pero nosotros la hicimos teniendo en cuenta donde estábamos: en una escuela de escalada. Y una escuela de escalada es el sitio ideal donde tienes que practicar, tanto maniobras como técnicas, que luego te pueden sacar de una pared. Para nosotros la Pedriza ha sido nuestra escuela, y el lugar en el que hemos aprendido y entrenado. Junto a Galayos, han sido los dos sitios donde muchos de nosotros hemos sentado las bases para poder ir a los Alpes, a realizar escaladas mucho mas comprometidas
(LR).


Años más tarde, en marzo de 1978, Luis Campos escribió un artículo en el Boletín Informativo del Club Alpino Guadarrama, en él que, además de relatar como fue abierta esta vía, Luiso daba respuesta a todas aquellas críticas.
En el siguiente párrafo, aparecen, textualmente, algunas de las frases extractadas de dicho artículo:

Dice la gente que tenemos muchos pájaros en la cabeza. Pues es cierto. Uno de ellos era el abrir una vía en el Hueso de la Pedriza, y pensamos que sería un buen itinerario de entrenamiento y aprendizaje en la técnica artificial, en esta escuela castellana de la Pedriza, al mismo tiempo que nos vendría muy bien para nuestra preparación física .../... Después de todo el trabajo vinieron las críticas: “Que éramos unos albañiles”, “Que esa vía la iba a hacer yo”, “Que no mola”. Pero lo cierto es que la mayoría de estos señores criticones no han podido subir todavía por este bello itinerario, que abrieron un tal Guirles y un tal Luiso. Consideramos que es una vía de entrenamiento de alta montaña .../... La realidad es que hemos recibido la enhorabuena de la gente que la ha hecho, ya no solo de Madrid, sino de Murcia, Barcelona, Zaragoza, etc..., pero lo único que pensamos, es que ahí está para el que la quiera hacer.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La clavel rojo no solo se ha convertido en una clasica de la pedriza si no que ademas es una de las mas complicadas debido al cansancio fisico que requiere. Las criticas recibidas y tachadas de "albañileria" estan fuera de lugar habida cuenta de los aperturistas. Tanto Dani como Luiso han dejado su sello en muchas vias de la pedriza que dicho sea de paso eran las mas dificiles de la epoca y aun hoy en dia siguen siendo de las mas complicadas.

Jon ZURUTUZA dijo...

Luiso, Daniel aquellas críticas se las llevo el viento y La Clavel es una vía de referencia no sólo en la Pedriza sino en toda la zona centro. El que tenga cajones u ovarios para repetirla que la haga, yo la hice allá en los noventa y la repetí hace unos quince años y es una vía dura y bonita donde los que nunca han hecho artifo se pueden meter para ir aprendiendo que eso del artificial no es subir con una escalera, y de paso coger tablas para luego ir con más garantías a superar pasos tan serios como el techo grande de la Zaratustra en Orsesa, palabras mayores.

Un chapó por vosotros y por esta formidable y ya histórica vía.