19 octubre 2006

Pepe Guerrero y el MIDI



Pepe en la Muralla del Pombie



Pepe Guerrero puede que sea uno de los escaladores madrileños que mejor conoce los secretos de esa compleja catedral pirenaica, de la escalada en roca, que es el Midi D’Ossau. Escaló fundamentalmente durante la década de los 70, y colgó las cletas justo cuando comenzaron a aparecer los primeros pies de gato. Con estos relatos podremos viajar en el tiempo, y recordar una época en la que las cosas, aun se hacían de otra manera.




“A mi me gustaba mucho leer. De mi panda de colegas era al que más le gustaba. Cada libro que caía en mis manos, me lo machacaba…Me acuerdo de que Santiago Pino traía carpetas con artículos que no se de donde sacaba, de revistas y libros italianos. Eran traducciones del Bonatti, o de Comicci. Yo sabía vocabulario y los traducía. Me acuerdo de uno de Bonatti contando su solitaria invernal a la Comicci-Dimai de la Cima Grande de Lavaredo. De Bonatti solo sabíamos que existía. Y que era dios. Y no sabíamos más”.






La Muralla del Pombie


“En aquella época vivíamos de un croquis dibujado en una servilleta de un bar. Y con eso funcionabas. Vivías de las historias que te contaba la gente que había escalado mucho. Eso era lo que te picaba. O te enterabas de alguien que había hecho la vía que tú querías escalar, y te carteabas con él, y te mandaba el croquis, y con eso ya soñábamos y flipábamos con el largo de VI. Y con ese croquis nos meneábamos, e íbamos en busca de la escalada. Y el croquis estaba durante la escalada, y _ ¡pásame el croquis!, y el croquis pasaba por los huevos de todos, arrugado por los bolsillos.
Ahora voy a una tienda a ver guías y digo: _ ¡La madre que me parió!, hay una cantidad de información brutal. Se ha pasado de nada a todo, en un visto y no visto. Y no es que me considere antiguo, pero es que no teníamos casi nada de información. Siempre daré gracias a dios por haber vivido esa época, porque era muy divertido. Ahora hay un rollo muy ético y de horarios, pero nosotros no teníamos horarios. Teníamos todo el tiempo del mundo. Nos metíamos a las 13:00 pm en la pared, y con el saco y toda la pesca…y nos la pelaba. Y tan tranquilos. Veíamos una repisa que nos gustaba y allí dormíamos. Era todo pura diversión….¿y sigue siéndolo, no..?.
Teníamos otra mentalidad, y ahora es justo la contraria. Ahora es la de forzar el mayor número de pasos en libre. Y yo, eso, no lo he mamado. No es que no tuviéramos ética, sino que teníamos la nuestra. Nosotros queríamos subir por los sitios, y punto. Luego, de repente, te saca alguien a escalar hoy en día, y te dicen: _¡eso no lo toques, que vas de segundo!.... Amos no me jodas!...como no voy a tocar eso, si yo lo toco todo… ”.






El Pilar Sur



“En el Midi, de clásicas, menos el Pilar Sur, he hecho todas. Era muy divertido. He pasado allí tiempos gloriosos…
Rodolfo de Assas y yo hicimos, junto a Jesús Valles, la Yoli, la Sudeste clásica y el Espolón Este, antes de meternos en la Sudeste Directa. En esta última cascamos vivac. Fue un día que teníamos idea de hacer el Pilar del Embarrandere, y no se como acabamos allí. Nos metimos con las mochilas y los sacos, porque, como ya te he dicho, era la mentalidad de entonces. Y no es que lo hiciéramos nosotros, es que lo hacía todo el mundo.



De todos modos, los franceses comenzaban a tener más nivel, y a darle más duro. Y veías en el libro del refugio, la Sudeste Directa hecha en 9 horas por alguna cordada. Nosotros éramos chicos de la Pedriza, y ellos del Pirineo. Otro nivel. Nos entraba complejo de moñas…

_¡joder Rodolfo, somos unos moñas que te cagas tío!.
El vivac de la Sudeste Directa fue de los de toda la noche lloviendo.





Pepe en la Direcctisima Sur





El Espolón Este de la Jan Santé



"Otro día que estaba haciendo el Espolón Este con Rodolfo y con Grisú (Joan Carles Grisú, el catalán), nos tiramos toda la vía viendo al Munsch, el feo de Pau, y a dos colegas suyos, metidos en la vía de la Y….y no sabíamos que vía era. Alucinábamos viendo al Munsch metido en el diedro. Era una vía de 300m y de una dificultad que te cagas par la época. Y tenían movida, y sufrieron bastante por los gritos que pegaban. Abajo ya nos lo explicó, y nos entraron muchas ganas de hacerla. Los poquísimos comentarios que veías en el libro de piadas eran de… “tredificile” y cosas asi,… viote vamos!”





“Y ahí también he chupado vivac, en la vía de la Y griega del Pombie, …difícil de cojones. La hicimos el Tito y yo cuando volvimos de la Directa Americana ,en verano del 76. A la vuelta de Alpes habíamos ido al Midi toda la vasca (menos Rodolfo). El Tronco, el Portilla, el Santiago Hernández, el Guirles y el Luiso…como 9 ó 10. Nos dividimos entre la Sudeste Clásica y el Espolón Este, porque la mayoría había escalado poco en el Midi. Y como yo lo tenía bastante trillado ya, pues le había echado el ojo a esa vía. La vía nos costó mogollón, y eso que el Tito y yo estábamos fuertecitos en aquella época. Cagamos verde. Y no se si nos perdimos, porque con los mismos chismitos esos con los que abrí el techo de los Guerreros, en la Pedriza (fisureros muy pequeños), salimos en artificial, por un techo en L, confundidos, y por eso se nos hizo de noche. Menos mal que llevaba aquellos daditos.
En el Midi se perdía uno mucho. Porque te encontrabas mucho clavo perdido que significaba el embarque de otro, y que servía para bajarse de ese sitio…jajaja. Cuando sacabas un poco el pie del tiesto….¡la cagabas!”



La cara norte en invierno



“Cuando escalé la Norte del Petit Pic, recuerdo que bajamos al collado de noche, y tuvimos que dormir por allí, con dos mallorquines, un tal Tolo y otro colega. Dormimos en el colouir que baja de la Fourche al refugio. El Tolo bajaba de primero rapelando, una bajada de esas medio chungali, de noche, y lloviendo desde antes de hacer cumbre. Y encontró un agujero increíble en el serac, como de dos metros de altura, y bastante ancho. Fue algo acojonante. Nos acoplamos sobre las cuerdas y nos fumamos unos cigarritos, y nos quedamos allí toda la noche; no bien,… sino en la gloria. Ni frió ni nada; y eso que los últimos tres largos los dimos lloviendo. O sea que estábamos empapaditos. No es que nos quedáramos hasta que parase la lluvia, es que nos quedamos hasta que salió el sol. Increíble como se estaba allí. Una auténtica sala.”

La Norte




“En el Pilar del Embarrandere, que escalé con el Morros, recuerdo ir todo el rato viendo patio. No recuerdo grandes repisas, ni siquiera de reunión. Creo que había solo una, por arriba del todo. Pero tampoco recuerdo reuniones excesivamente malas. Fue una virguería, porque escalamos casi toda la vía entre niebla, y los últimos largos, sobre un mar de nubes increíble. Parecía un colchón blanco. Salimos de la vía de noche y dormimos allí mismo, en el collado entre el Petit y el Gran Pic, con la cuerda enrollada, y yo, con el pijama. Por la mañana subimos al Gran Pic y bajamos por la normal.
Ese mismo viaje escalé muchas más vías. También con el Morros, y con Santiago Muñoz, hice la Bellefone de la cara Noroeste.

Un escalor sesentero en la Bellefone


El caso es que yo me había ido al Midi con el Guirles para una semana, con idea de hacer el Pilar del Embarrandere, pero vimos que estaba recién abierta la Francis Tomas, y la escalamos, con un vivac. Fue primera nacional a la Francis, la segunda creo que la hizo el Trabado con su novia, Rosa.
Daniel fue muy impaciente, y como al día siguiente se puso a llover, se quería marchar. Entonces yo me quedaría con estos, con el Morros y Santiago, que nos los habíamos encontrado a la bajada de la vía. Acababan de llegar de Alpes. Venían de bajarse de la Walker, con un tal Luis, que por lo visto había llegado a Chamonix con una furgoneta llena de comida, porque trabajaba en no se que historias de un supermercado. Venían hasta arriba de latas, ¡algo acojonante!. Hicimos dos o tres viajes desde el refugio a su coche para portearlas todas. Por primera vez en la vida, llenando las estanterías del refugio con comida. Una orgía de comida. Venga a comer canelones y cosas así, y a enfriar latas de cerveza en los neveros. Y así hasta que Daniel se marchó.


Entonces, hubo que esperar a que pasara el mal tiempo. Y, bueno, a mí nunca me han aburrido dos o tres días de refugio. Pero el Daniel, es que si no está escalando, se pone nervioso y se agobia. Además, nos entretuvimos bien con unas bolas de aceite que había llevado yo. Recuerdo que a los 6 ó 7 días, desde Sallent, le mandé una postal a Daniel, contándole que habíamos hecho el Embarrandere, los Desplomes, la Bellefone NO, y la Directísima Sur. Todas con Santiago Muñoz, menos el Embarrandere. Fue el verano del 77”.

4 comentarios:

Javi L. dijo...

Es fascinante :)

escalada dijo...

Leyendo estas historias me doy cuenta de lo poco que he escalado y lo mucho que me he perdido...

Ramón dijo...

Falta una anécdota...El Indio, como llamábamos al guarda del refugio, quería poner un colchon a Pepe en las paredes del Midi, ésa era su fama por la cantidad de vivacs que se ha cascado por esos andurriales....

Kiko dijo...

Ganas le darían de cobrarle pernocata pero no podía.......saludos Ramoncin y bienvenido!