04 junio 2007

Piggot´s Climb - (Cloggy 1927)


Fred Piggot mostrando maniobras de cuerda




El Espolón Este nunca se ha escalado. El muro final (The Pinacle) es inexpugnable, pero los 60 metros de abajo…aun esperan ser escalados por alguna cordada audaz y experta

(H.R.C. Carr, 1926)


La primera guerra mundial vino y se fue, y el mundo cambió. El viejo orden social desapareció; el ritmo de la vida se aceleró. Así que, esto también se vio en la escalada: los mejores escaladores de la preguerra lo dejaron, y nuevos grupos aparecieron con independencia de los círculos ya establecidos. Esta nueva estirpe incansable trajo una dedicada, y a veces despiadada, manera de hacer montaña, algo que era ajeno a los herederos de la pausada tradición de preguerra.

El mayor ímpetu vino de las ciudades norteñas. Dos factores fueron importantes. Ya existía una arraigada tradición de escapada, los fines de semana, de los depresivos ambientes industriales, para ir a correr y pasear al monte, así como a practicar difíciles escaladas en los pequeños resaltes de arenisca (gritstone edges). La escalada en este tipo de roca revivió bastante después de la primera guerra mundial. La escalad en pequeños resaltes, y en concreto en el gritstone, proporcionaba un entrenamiento ideal para empresas mayores. Viviendo en el norte, uno tenía la posibilidad de escalar a menudo, coger forma, practicar técnicas, aprender posibles situaciones de roca que se darían en sitios más grandes, innovar técnicas… La mayoría de los líderes de cordada ingleses surgidos desde los años 20 han entrenado en estos lugares. No obstante, en aquella época, la mayoría de los gritstoners (fans del gritstone) escalaban en estos lugares sin necesidad expresa de hacerlo, y como fin en si mismo, del modo que lo hace hoy mucha gente (1970).
Piggot en "Crack and Corner", The Roaches, 1922

Pero el segundo factor en juego es muy importante: el incremento de la afluencia, y sobre todo el desarrollo del transporte motorizado, hicieron más accesibles las montañas para los habitantes de las ciudades. Nace el hábito de fin de semana, y los clubes de mayor importancia comienzan a hacerse con chozos y pequeños refugios en estos parajes.


El Espolón Este





La Piggot´s Climb es la numero 2.







Mientras, los riscos de Clogwyn du´r Arddu estaban algo olvidados. La Canal Este había sido escalada en 1912 por George Mallory, y justo tras la guerra, Herbert Carr exploró las placas del la zona derecha, en el extremo del muro. Pero no se había intentado ninguna escalada nueva. Las palabras de Carr en la guía de 1926 “Snowdown Guide” no eran muy clarificadoras, pero si parecían sugerir la posibilidad de que el Espolón Este pudiera ser escalado.

El momento era bueno para un ataque. Un grupo de gritstoners de Manchester, miembros del Club Rucksack, escaladores de las más difíciles rutas del Lake District, así como aperturistas de muchas nuevas, pusieron sus ojos en el virgen espolón.


Morley Wood, un buen primero de cuerda por propio derecho, pero descrito como “el segundo perfecto”, hizo un reconocimiento de la roca en 1924. Él divisó una línea, con bastante vegetación pero muy obvia para ser escalada en su parte baja, y que llevaba, tras un pequeño pico, a un diedro de aspecto feroz. Para un escalador entrenado en las fisuras de gritstone, ese era el lugar obvio para abordar el Espolón.

Pero el verdadero instigador del asalto, y su fuerza motora, fue el enjuto Fred Piggot. Un líder hábil y ambicioso, que más adelante fue pionero de los rescates en montaña. Él y Lindley Henshaw trazaron planes en secreto. El viernes santo de 1926 comenzó la campaña.






Escalera humana en el diedro de 3 metros




Piggot y Henshaw escalaron unos primeros treinta metros por pequeños muros y verdosas repisas, a la izquierda de las chimeneas que obligaron a retirarse a los Abrahams. Llegaron a una pequeña repisa debajo de un diedro de unos tres metros carente de agarre alguno. La posición era bastante expuesta, y se hacía necesaria la participación de un tercer componente para asegurar un paso de hombros. Wood, compañero suyo en numerosas escaladas, era la opción adecuada. Los tres regresaron tres meses después, en junio. Combinando técnicas forzaron el diedro, y alcanzaron una buena y vegetada repisa, conocida como “The Conservatory”, y escalaron por el pináculo en vertical hasta otra repisa. Allí se reunieron para estudiarlo que parecía ser la sección clave de la escalada: un formidable diedro de unos veinte metros, que llegaba a una zona resquebrajada, no muy lejos de la Green Gallery, en lo alto del Espolón.






Piggot inspecciona la fisura, antes de la primera ascensión



Henshaw recuerda:

“Los primeros metros eran muy francos, con anclajes duros de dedos; pero gradualmente se hacía ancha, hasta que a unos siete metros del suelo se podía meter la puntera de una bota. Y allí, la pared de la derecha estaba ligeramente separada, planteando un posible cambio, que parecía imposible desde abajo. Al principio, todos los intentos fueron rechazados. Incluso una escalera humana, con los más pesados abajo con botas, y, los más ligeros, calzados con zapatillas ligeras de goma, colocados encima. Pero todo sin éxito. En nuestra desesperación intentamos alguna sección de placa brillante y siniestra, a la vuelta derecha del diedro. Todo en vano”


Mientras, en la ciudad de Manchester llovían los comentaros acerca del debate suscitado por el relativo mérito de la escalada en placas, y sobre la de fisuras. Morley Wood, a quién le había pasado de todo en su vida menos caerse escalando una placa, comenzó a aficionarse a la escalada en fisura. Pigott, el especialista en fisuras que estaba en la picota, tenía una nueva preferencia por las placas.

En el siguiente intento las condiciones meteorológicas fueron muy malas, y Pigott cayó enfermo. Sin embargo animó a los demás a que fueran a intentarlo de nuevo, incluso llegando a ofrecer su clavija más preciada para tal efecto, esa que siempre llevaba reservada en sus pantalones de escalada.
Hendshaw fue introducido en las lavadas placas y pronto se bloqueó. Wood, el converso de las fisuras, insertó hábilmente una piedra en forma de cuña en la fisura, ató un cordino a ella, e hizo subir a Hendshaw por este. Entonces, una vez ganada la posición, decidió subirse a hombros de Hendshaw para continuar. En ese momento la piedra empotrada cedió, y dió con los dos en la repisa.



Morley Wood





“Lo que salió en claro de aquello es que Morley Wood fue el responsable de la idea de empotrar cuñas de piedra en aquella fisura. Debemos decir que desde ese momento cualquier otro miembro de la cordada fue relegado a un segundo plano. Pero Morley Wood fue el primero que concibió, organizó y, eventualmente, puso en práctica tal diabólico plan. Y si algunas de aquellas piedras insertadas se quedaron allí, solo fue por obra de la Providencia, y no por su destreza en la colocación. ¿Qué habría pasado si la piedra de Moorley no se hubiera desprendido?” (comenta Hendshaw)


Los tres de la cordada regresaron a la tarea el 1 de mayo de 1927, con J.F.Burton, su cámara, y un puñal de hielo llevado por insistencia de Pigott. Pigott entró con decisión sobre el viejo cordino (que había pasado allí todo el invierno), luchó con gran esfuerzo la fisura, y pudo alcanzar la pequeña repisa de la derecha, que había sido un objetivo durante tanto tiempo.

“Nuestro líder había llegado exhausto hasta este punto, y subido en la repisa reclamaba que subiera un hombre con agallas…Como no teníamos ninguno de sobra, le atamos unas cuantas piedras de diferentes tamaños en un pañuelo, y se las mandamos para arriba por la cuerda. Insertó una de ellas en una fisura, y se aseguró a si mismo pasando por ella la cuerda. Aquel nudo, y nuestra bendición, le posibilitó superar la fisura y escalar un empinado muro a la derecha, para balancearse y enlazar con otra pequeña repisa que le llevó al final del largo” (Hendshaw)





P.L.Roberts y Jake Cooke escalando la larga fisura en una de las priomeras repeticiones.





Esta fue la tirada crucial que abrió, realmente, la opción en el Espolón. Wood fue remontado literalmente, y el último y empinado largo fue problemático para el cansado líder, pero fue solventado por Wood lanzando la cuerda sobre una beta saliente, y enganchándola por el otro lado desde abajo, del modo clásico en que luego tanto se hizo. Pronto, todos estuvieron reunidos en la Green Gallery.

A día de hoy, la Pigott´s Climb ya no tiene ese aura de fiereza que caracterizó a las primeras ascensiones. Si embargo sigue siendo una escalada seria y vigorosa, más dura que muchas posteriores de Cloggy. El modo en el que el grupo de Rucksackers llevaron acabo sus secretos ataques parecería algo más característico de la década de los años 60´s, que de los 20´s.
Su prolongado asedio fue exitoso pero su ambición no fue del todo satisfecha. Con una batalla vencida, inmediatamente pusieron su mirada en la siguiente: el ataque al Espolón Oeste.



Traducción del libro editado en 1971:

"The Black Cliff" (Crew/Soper/Wilson)

(que cuenta la historia de Clogwyn du´r Arddu, la mitica escuela galesa que ha visto pasar a todas las leyendas de la escalada inglesa)

La Piggot´s Climb es la primera escalada, documentada, en la que se utilizaron piedras empotradas en las fisuras (anudadas por cordinos) , con intención de asegurar a los escaladores y de servirles de ayuda a la progresión.


1 comentario:

Diego dijo...

No le entraban las puntas de las botas...
Alucino..
Excelente nuevamente!!!

Saludos