25 junio 2007

JOE BROWN

Joe Brown abriendo "The Right Unconquerable", en Stanage 1949


“En Inglaterra se necesita más el ingenio que la osadía de encontrar lugares no hollados aún. La era de la exploración dibuja su final”.

Cambridge Mountaineering, 1948.



Tal era la opinión de los círculos montañeros informados, según Harding daba sus últimos retoques a la guía de Llamberis. Pero el deporte de la escalada en roca en Inglaterra se hallaba en el umbral de un cambio fundamental. En un nuevo clima económico, la inmensa mayoría de la clase trabajadora podía disfrutar de ella por primera vez. Una vez más, la gran fuerza motriz llegaba de las ciudades norteñas. Con lentitud en los comienzos, pero en un fluir constante y creciente, y según se instauraba la semana de cinco días laborables y el vehículo de transporte individual, los jóvenes entrenados en las zonas de gritstone dirigieron sus objetivos hacia riscos mayores. Estos transformaron la escalada en un deporte de masas, y el grado y las técnicas sufrieron, en un solo año, un aumento superior al de toda la década anterior. Según se hacía más alta y estrecha la parte alta de la pirámide general de la escalada, la base se ampliaba, y abría un ancho camino hacia el gran avance del alpinismo británico y la exploración de las montañas. En el centro de todo esto estaba Clogwyn du´r Arddu, a veces como desafío, a veces como gimnasio o incluso santuario. Y la punta de lanza de este movimiento fue un aprendiz de fontanero de Manchester llamado Joe Brown.

Los primeros datos que tenemos de su actividad son de su escalada a la Zinder Downfall en 1946, con la cuerda de tender la ropa de su madre. Hacía cordada con “Slim” Sorrell, y vivían al raso, los fines de semana, en el Peak District, desarrollándose rápidamente como gritstoner. Antes de su primer año de actividad ya estaba realizando salidas a la zona de Gales y a Lakes, donde tuvo pequeños contactos con aquellas comunidades escaladoras, y escaló compulsivamente rutas según se las iba encontrando. Duras y fáciles, clásicas y recientes, con buen o mal tiempo, Joe Brown las repetía una tras otra. Un día conoció a Nat Allen y a Wilf White, quienes le pusieron en contacto con el recién formado Valkyrie Club. Con ellos abriría un buen número de nuevos trazados en los resaltes de gritstone. Todos pertenecían a una tradición muy temprana. A menudo vivaqueaban en vez de acampar en chozos, y escalaban con cualquier tipo de meteorología, aunque solo fuera para entrar en calor. Formaban un grupo muy compacto, y Joe emergió rápidamente como su leader en la roca.


El Cenotaph Corner

En sus comienzos, el grupo escalo aislado del resto de las comunidades, con escasos conocimientos sobre las costumbres y tradiciones en la materia. Esto provocó un doble efecto. Se metieron en vías que habían repelido a los expertos de la época, desinhibidos y sin ser conocedores de tales problemas, ni de todo el folklore que los rodeaba. Además, algunos de sus métodos no eran bien vistos por los mayores. Un ejemplo de ello es el primer intento que Brown hizo al Cenotaph Corner, realizado al parecerle una línea muy lógica y factible para la escalada, después de ver una foto en la guía de Barford “Climbing in Britain”. En esos momentos, la Cenotaph tenía un aura de escalada imposible, y ninguno de los fuertes escaladores que la habían intentado había logrado pasar la primera de sus dificultades. Sin embargo, Brown logró alcanzar la cueva que hay cerca de la salida, con la ayuda de cinco clavijas, y además no había encontrado ninguna razón para no utilizarlas.
Hay que recordar que en aquella época, no se había desarrollado ninguna ética estricta con respecto al exceso de su uso, y, además, varias vías de finales de los 40´s habían sido abiertas con diversas clavijas. Esto también ocurrió en Scafell, y en Lakes, en la controvertida tercera ascensión de la Kipling Groove. Finalmente, el grupo “Valkyrie” cogió fama de ser demasiado amigo de las clavijas.


Joe Brown


Pero Brown se hallaba en pleno desarrollo de sus técnicas de protección natural, las cuales, unidas a un conveniente y estricto racionamiento de los pitones, le posibilitó abrir tantas magníficas rutas en los siguientes años.
Este grupo acabó teniendo una enorme influencia en la actual ética de la escalada británica (años 70´s). Ósea que no debemos pensar en el Joe Brown de los años del Valkyrie Club, como el autor la sacrílega clavija en la sección clave de la “Dolphin´s”, sino en un místico personaje, encalomado bajo una fría lluvia en un remoto desplome de gritstone, colgado de unos inusitados empotramientos que solo él concebía, y sin intuir los prolíficos años venideros, ni lo famoso e influyente que lograría llegar a ser.

Su primera visita a Cloggwyn dur Ardu se produjo en un húmedo día de la Pascua de 1949, con un aspecto impresionante en sus riscos, entre velados por la niebla. Su primer largo de escalada lo hizo en la laja fisurada del comienzo de “Curving”. Según la subía empotrando, y bastante sobrado, cuando Harding (local fuerte de Cloggy del momento) llegaba a la base con su equipo. Uno de sus integrantes caía de lo alto de esa fisura, al tratar de escalarla en bavaresa.
Ese verano, durante tres días de meteorología perfecta para la escalada, Brown y Sorrell hicieron la totalidad de las trece rutas existentes en Cloggy en aquel momento. Con aquella acción intensiva, Brown igualaba en experiencia a los más curtidos escaladores del lugar, quienes habían tardado varios años en recorrer todos aquellos trazados. Al mismo tiempo, Brown fichaba nuevos lugares donde abrir vías. En especial se fijó en el muro fisurado a la izquierda de la “Curving”, donde ya estaba abierto el primer largo de la Birtwistle´s Drainpipe Crack. Rápidamente comenzó a probarla, con muy mal tiempo. Esos días dormía en el estrecho vivac del Club Valkyrie´s, el sórdido casetón de cobre de la mina. Tras subir la “Drainpipe Crack” (fisura del desagüe), nombre muy adecuado para aquellas condiciones, su equipo se encontró con otra vertical y comprometida fisura de 45 metros; un tema demasiado serio. Brown prefirió dirigirse hacia las series de fisuras y poco profundas chimeneas de la zona derecha, algo más complejo en su concepción. La primera sección es una corta y rara fisura tras la que (en un segundo intento de forzar en libre) Brown se desvió al muro de la izquierda. Abierto completamente de brazos como un águila sobre unos pequeños agarres, con los dedos helados y los calcetines completamente deslizados en sus pies, se acabó cayendo. La cuerda deslizó por una larga cinta, se arrastró por un filo, y fue brutalmente machacada. Pero aguantó. Brown cayó en una repisa verdosa, y quedó allí para no cargar su peso en la dañada cuerda. Y así nació su primera gran leyenda: haber volado treinta metros, y haber sido parado por las hebras de una cuerda de cáñamo.
Pero en ese preciso momento en que comenzaba a hablarse de él, el Servicio Nacional le obligó a desplazarse a Singapur. Así pues “The Black Cliff” (Cloggy) gozaría de un tranquilo año, antes de que se desencadenara el gran asalto.

En el momento en el que Brown regresó de sus servicios, el Valkyrie Club se había desintegrado, pero un nuevo grupo se fue formando gradualmente en Manchester, a base de jóvenes escaladores de su vecindario. Se juntaron casi por casualidad, o eso parecía, pero lo cierto es que todos compartían una gran dedicación a la escalada, una buena voluntad para convivir juntos en una tienda, o en un vivac, y también, al principio, una igualdad en la falta de fondos económicos y de transporte particular. Poco después se formo un club con doce de estos componentes: el Rock and Ice. Algo anárkiko, pero muy sólido. Éran difíciles de investigar, como si de una sociedad secreta se tratase; no tenían ni reglamento escrito, ni libro de actividades, ni chozo de reunión.
Parte del Rock and Ice Club, en Chamonix

En sus bienaventurados comienzos, el Rock and Ice Club logró una gran reputación. Brown, Sorrell, Allen y White fueron completados por Ron Moseley, Don Roscoe, Don Whillans, los hermanos Greenall (Ray y Pete), y quizá media docena más de componentes. Later Harry Smith y Joe Smith (Mortimer) se unieron al grupo, e incluso hombres de Yorkshire como Denis Gray and Dough Verita. Todos escaladores muy hábiles, y líderes de cordada por propio derecho.
Pero Brown, Whillans y Moseley se harían su propio sitio en la historia de la escalada. En Cloggy se sentían como en casa.

Whillans había escalado todas las más difíciles rutas del gritstone, entre los 15 y los 17 años de edad, y pronto llegó a labrarse una increíble reputación de “hombre duro”, en todos los sentidos. Las historias de sus "tronadas" comenzaron a propagarse por el mundo de la escalada, en paralelo a las de sus temerarias tiradas de primero, y a las de su humor sarcástico. Su genio pensante y su carácter introspectivo era conocido únicamente por sus amigos íntimos. Se le recuerda como una mezcla entre Herman Buhl y Andy Capp. En sus últimos años vestía un inmaculado sombrero blanco, con cigarrillo en boca casi perpetuo, y con sus penetrantes ojos azules al fondo. Era el maestro de los comentarios devastadores. Su segundo de cuerda una vez le comentó (en la ruta de la White Slab):

Don!...Don!...aquí abajo hay mucha piedra suelta!”
Y Whillans le contestó:
“¡Pues donde estoy yo es un infierno!...¿Quieres que te mande unas pocas?”

Pero habitualmente se mostró como el escalador más asequible en lo que a dar información sobre vías se refiere. Y su reputación como alpinista era inigualable; siempre dispuesto a dar el largo más complicado, en el momento que más falta hiciese.



Don Whillans

Traducción del libro editado en 1971:
"The Black Cliff" (Crew/Soper/Wilson)
(que cuenta la historia de Clogwyn du´r Arddu, la mitica escuela galesa que ha visto pasar a todas las leyendas de la escalada inglesa)

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