06 octubre 2009

La herencia amenazada



El siguiente escrito hace referencia a las “responsabilidades” en la práctica de los deportes de montaña (ya sea el ski o los derivados del montañismo y alpinismo), y es un extracto del capitulo “Paisajes de piedra, agua, hombres y espíritus” del libro Miradas sobre el Paisaje de Eduardo Martínez de Pisón. Espero que os guste.


“…el conocimiento de las destrezas deportivas no es un salvoconducto para atropellar los paisajes, sino que debe integrar una actitud civilizada, incluso como si esa capacidad le otorgase al montañero un título de “visitante distinguido” o de “huésped honorable” del lugar. Y ello “le obligará”, como antaño se decía de la nobleza, explícitamente a una ética de particular respeto a la roca, a las plantas, las aguas, la fauna y los espacios naturales y rurales en los que desarrolla su actividad. Por lo tanto, el verdadero montañismo de hoy se debería caracterizar por su exigencia de mínimo impacto.


El crecimiento del “sentimiento responsable” sería así el índice real del progreso, del avance. De los libros del montañero Sonnier, de hace varios años, se desprendía ya entonces, sin embargo, una conciencia de paso de una percepción poética de la montaña, tradicional en el viejo alpinismo, a un planteamiento cada vez más únicamente deportivo, competitivo y turístico. Pero el mayor peligro en aquel cambio estribaba en que ese talante podía ser indiferente a lo que llamaba “la herencia amenazada”, proceso emprendido por otros juegos y usos que requieren el marco de la montaña sin que ésta sea ni su objeto esencial ni su fundamento cualitativo.


Esos usos dan lugar a unas relaciones funcionales, como canchas recreativas o financieras, pero claramente desprovistas de ese sentimiento que era una de las condiciones clave del alpinismo. Para la puesta en práctica de tales usos, para estos aprovechamientos se han de implantar además infraestructuras. Esos usos requieren, por tanto, tales equipamientos y rentabilidades que acaban deshonrando en numerosos sitios y en extensión los paisajes auténticos de las montañas.

Si el proceso se inscribe en un cuadro general que sitúa a la industria de la construcción en el primer motor económico y a la especulación urbanística en el más rentable modo de multiplicarse el dinero por si mismo, ese cambio acaba por tener consecuencias generalizadas e intensas. Desde las costas a las montañas españolas el turismo ha demostrado que es un tigre al que no conviene dejar suelto, pues es capaz de dar constantes zarpazos al paisaje. Puede que domesticado y sujeto, sea más inofensivo, pero aun no han aparecido los domadores de semejante fiera en el gran circo de la rentabilidad nacional*”

*Escribía esto antes del galope en 2008 de la doble crisis financiera e inmobiliaria, en la que los profanos no acabamos de distinguir cuál de ellas es caballo y cuál jinete.



Continuará...

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