23 septiembre 2008

Carta abierta sobre la pasada reunión en la FMM.

Escribir estas líneas, me demuestra una vez más lo anárquico que es el espíritu de los españoles dando igual cual sea su estrato social. La charla coloquio o incluso ponencia, sobre los equipamientos en la Pedriza tuvo la presencia de varias de las vacas sagradas de la escalada madrileña, incluso algún desaprensivo quiso asesinar a una especial.


Por algunos personajes mereció la pena por otros más valen que hubieran callado pues para las tonterías que dijeron desmerecieron a los allí presentes, pero cierto es que expusieron sus ideas dentro de la órbita de un autoritarismo de lo que diga la masa borreguil que sinceramente a mi me sonrojo. Se dijeron algunas perlas como: “se han desequipado vías de los años treinta” (Sur del Pájaro, me gustaría ver los buriles de antes de la Guerra) o la idiotez de burocratizar la escalada, creando un registro de aperturistas.


Por otro lado se debe elogiar al Presidente de la Federación, como persona ponderada que puso orden, de forma velada llamó la atención aquellos que lo llenan todo de chapas. Y sin decirlo pero seguro que lo piensa que la epidemia de megalomanía, que a fin de cuentas son ciertos itinerarios de nueva factura que rellenan las llambrias pedriceras de parabolts, trae la prohibición de escalar en la Pedriza.


Ese el gran problema que muchos se creen con el derecho y con la obligación moral de “dulcificar” una escuela que tradicionalmente se ha considerado de las duras. Y como ya hace años vengo oyendo con demasiada frecuencia en el lema de algunas academias, cursillos por correspondencia, que repiten su coletilla “aprenda sin esfuerzo”, y eso en el mundo de la montaña y de la escalada es mentira. En escalada se aprende sufriendo, a veces sufriendo demasiado. Dice el refrán “lo que tarda en aprenderse cuesta olvidarse”.


No podemos bajar la montaña a nuestro nivel, somos nosotros los hombres los que nos tenemos que poner a la altura de la montaña. En palabras de Mark Francis Twight, hacernos lo más indestructibles posibles. Por eso el incremento de sectores de prácticas es un error, llenar una llambria de parabolts es un error, igual que es un error ensuciar un arroyo, debemos pensar más en los demás y menos nosotros mismos, pero sobre todo que pertenecemos a un grupo singular, fundado hace ya tiempo por personas que se atrevieron a adentrarse en los vericuetos pedriceros, de los cuales vamos chupando rueda.


No solo pensar en las generaciones que esperan a romper a escalar en la Pedriza, si no en las generaciones anteriores a las nuestra de las que somos sucesores, pero lo que no debemos hacer es dilapidar esta herencia que nos han legado. Respetar un poco como escalaron ellos con los medios que tenían y los materiales disponibles hoy en día.


La Pedriza del Manzanares, es un paisaje singular, en el que se escala de una forma especial, es un hecho diferencial, es algo que a la gran mayoría de escaladores formados en ella les enorgullece, quedando en ellos la marca y un modo de desenvolverse en las placas distinto al estilo de otras regiones. El hecho de pasar por una placa lo más limpiamente posible, ese saberse guardar el miedo en el macuto, que decía César Pérez de Tudela. Quedando pocas escuelas como esta, predominando un tipo de escalada más uniforme.


Por eso el modo de escalar en la Pedriza creo que lo debemos considerar como patrimonio de todos, ya que parafraseando a Fernando Cobo es una cultura. Por eso hay que tener cuidado al rellenar los canchos con líneas de parabolts, como una especie de horror al vacío, físico y moral. Dando unos recorridos de miseria moral. Los antiguos artificiales eran algo parecido a estas “rutas” que están apareciendo y desapareciendo. Pero a favor de los artificiales antiguos, estos se encontraban en desplomes y había que tirar de brazos, pero las líneas de parabolts de las llambrias, son bastantes tumbadas. Estas vías, algunas reequipadas, tenían un carácter de vías de entrenamiento. Pero que puedes aprender en “vías” por las que puedes ir de pie, sin usar las manos.


Claro que los defensores de la seguridad, me reprocharan que el principiante debe aprender en algún sitio, si es cierto, hay sitios en la Pedriza destinados a cursos, o que empiecen por los itinerarios de III o II. La escalada como la vida es un largo camino, y lo mejor si no tienes amigos que te enseñen es acudir a la Federación o a una Compañía de Guías.


Pero una cosa es cierta la escalada es una actividad en la que se puede perder la vida, esto es fácil de comprender, debemos ser realista al emprender una actividad de este tipo y sobre todo si estamos dispuestos a asumir tales riesgos.


Todas estas ideas que parecen obviedades, parecen haberse olvidado en estos últimos años, pero en la revistas de montaña no deja de aparecer ese recordatorio, de lo peligroso que es la escalada. Alguien debería reflexionar si existe una escalada segura, por muchos seguros que tenga una ruta, en ocasiones cometemos errores fatales y a treinta metros del suelo tienen muy mala solución.


Que es lo que se pretende con la publicación y la apertura de más vías en la Pedriza, la conclusión parece clara y las dos cosas están relacionadas. Creo que no es bueno jugar con la gente, pero creo que es más importante no jugar con la Pedriza, pues no sería deseable verla convertida en una especie de “rockódromo” de piedra natural. Debemos ser respetuosos y selectivos, si tenemos la necesidad de abrir una vía buscar el risco, después en él encontrar el hilo de Ariadna, que la naturaleza se encargado de dibujar que nos lleve al camino deseado.


Como decía Paco Aguado, en la montaña y en la escalada no hay reglas escritas, pero como él dijo muy bien, todos sabemos lo que no tenemos que hacer. No se puede estar cuestionando a Cesari Maistri, por su criticada vía del compresor, y vamos hacer lo mismo prácticamente a la puerta de nuestros hogares.


Una vez oí decir a Walter Bonati, cuando le preguntaron que si Reinhold Messner era continuador suyo. Lo negó rotundamente e indicando que no era lo mismos materiales los usados por él que los que utilizó el propio Messner. Así pues a día de hoy con la implantación de la goma cocida, muchos escaladores “pedriceros” no saben ni sabrán lo que es escalar sin pies de gato en la Pedriza, por cierto patrimonio cultural que se pierde.


No se puede dejar de señalar como las mejoras técnicas en los materiales de escalada se ha reflejado en ésta. No podemos continuar por ese camino de suavizar tanto la Pedriza, “para todos los públicos”, quien quiera ir a escalar a sus riscos que vaya, pero que lo haga de manera noble, que sea respetuoso con el medio y con sus vecinos, olvídenos de una vez que no somos los únicos. Pero ser consciente de lo que representa la escalada en el devenir histórico, desde las albarcas o abarcas a los pies de gato actuales. Concentrándose que buena parte de las vía de la Pedriza se abrieron sin pies de gato.


Por otro lado asistimos a la banalización de la montaña, la apertura de rutas de escalada y editando a la vez guías de escalada que sacan las novedades y por otro lado individuos que se dedican a desequipar esos sectores nuevos, con el deterioro de la roca primero cuando se colocan los seguros y luego cuando se quitan. Por lo que creo que algunos deberían refrenar su ímpetu aperturista .Tal vez el problema no sea quien quita los seguros sino quien los coloca en exceso, y en sitios sin sentido.


No me gustaría dejar de referirme a la cultura de montaña, consistiendo en saber desenvolverse en la montaña, saber escalar, asegurarse, resolver problemas, decidir cuándo hay que renunciar, predecir el tiempo, el saber estar en la montaña, el conocer y entender los paisajes. Eso desgraciadamente no se aprende en los sectores de prácticas, que no dejan de ser un ruido más que afea el paisaje, sino que ese aprendizaje de la Montaña total tiene que estar dirigido por unos ojos expertos. Escalar no es seguir necesariamente una línea de parabolts colocados uno detrás de otro, sino encontrar la lógica de la pared.


Por todas estas cosas y viviendo en la sociedad actual que vivimos del entretenimiento, no convirtamos la Pedriza en lugar de escaladas de entretenimiento, preservémosla y dejémosla como siempre ha sido uno de las escuelas representativas de España junto a los Mallos de Riglos, Montserrat. No merece la pena continuar con la vulgarización.


No debemos entender la Pedriza como un conjunto de grados de dificultad o grados de exposición meramente objetivos, sino que tiene que prevalecer la subjetividad, no todo el mundo tiene que ir a los mismos sitios, que es lo que supone la apertura de zonas de escalada de ocio, lo ideal sería que cada cual tuviera el nivel de pericia para en cualquier lugar, utilizando las vía naturales, y no convertirlo en un rockódromo de piedra natural. Pero sobre todo meter en la cabeza de algunos que no todo el mundo puede escalar y existen itinerarios que por su exposición y dificultad no están al alcance de cualquiera, ante eso solo hay dos posibilidades éticas, entrenar para llegar al nivel o asumir que no se alcanzará ese nivel. Que no es otra cosa que el saber renunciar, algo muy importante en el Alpinismo.



José Antonio Santos Miguel

Alpinista y Geógrafo