24 marzo 2011

HISTORIA DE LA ESCALADA EN ROCA (1950-1960)




Walter Bonatti, a su regreso de abrir el pilar Suroeste del Petit Dru




Si la década anterior fue la de la segunda gran guerra del siglo, esta será la de la gran resurrección de alemanes e italianos para la escalada. La escalada artificial es cada vez mas audaz y espectacular, pero si en algo destacan estos años, además de por los logros de Bonatti, es por el comienzo de las grandes escaladas solitarias, y por la búsqueda de las primeras ascensiones invernales a las grandes rutas ya establecidas. Volvemos a basarnos en los grandes nombres propios (ya sean solitarios o cordadas), para analizar todo este período. Y ordenados de un modo más o menos cronológico, con la inclusión de dos epígrafes especiales para los importantes momentos tanto de la primera ruta abierta al Gran Capucin, como de la primera a la cara Oeste del Dru.






Herman Buhl


Natural de Innsbruck, Austria, comienza a destacar como gran alpinista y escalador de roca, sobre todo a través de sus escaladas solitarias: primera a la Fiechtl-Herzog del Schüsselkarspitze (en 1947), la Cassin del Badile, en 5 horas (con ida y vuelta en bicicleta, desde su casa). O la Auckenthaler del Lalidererspiptze, entre otras menores. También habría que reseñar su escalada invernal (en cordada), a la vía Solda de la Marmolada (primera)


Herman Buhl años 50s




Cesare Maestri

Nacido en Trieste, Italia, va a desarrollar una increíble actividad como escalador solitario en roca, y también como aperturista. Entre sus grandes logros solitarios destacamos: La Solleder de la Civetta, la Detassis a la Brenta Alta, la Solda de la Marmolada, la via Oppio del Croz dell Altísimo.


Maestri





Maestri entrando a una vía en solitario



Maestri en solo






Armando Aste

Compatriota y buen amigo de Maestri, y también escalador de solitarias, destaca su solo en la vía Tissi de la Torre Trieste. Aperturista de grandes trazados como la ruta gemela a la derecha de la Andrich-Fae, de la Punta Civetta, o su ruta la Brenta Alta, en compañía del veronés Milo Navasa .



Armando Aste en faena




La ruta Aste del Crozzon di Brenta






Gran Capuccin. Cara Este. 1950-51

Esta vertical ruta de 400 metros, abierta en dos ataques por Walter Bonatti y L.Ghigo, supone la verdadera implantación del estilo dolomítico de artificial sistemático en el granito del Mont Blanc, rompiendo así una barrera psicológica que existía en esta zona, y revolucionando el mundo de la escalada en roca alpina. Al igual que le pasó a Comici en su ruta a la Cima Grande de Lavaredo (veinte años antes), el uso de tantas clavijas (160 en este caso), produce gran revuelo en los círculos clásicos montañeros.



El trazado Bonatti-Ghigo al Capuccin



Walter Bonatti años 50s




Es también en este momento cuando se da término a la importante ruta comenzada por Gervasutti en ese imponente pilar rocoso del Mont Blanc de Tacul, y que se conocerá en adelante como Pilar Gervasutti. Los coautores y finalizadotes de esta gran obra serán la cordada formada por Fornelli/Mauro.






Petit Dru. Cara Oeste. 1950-52

La ansiada pared Oeste del Dru recibe sus ataques definitivos. Mientras la cordada de Livanos decide no volver a intentarlo, el parisino Guido Magnone ha reunido un equipo de especialistas del artificial, compuesto por apellidos como Bernardini, Dagory o Lainé. Tres ataques ese verano 1950 son rechazados por el mal tiempo, mientras otra cordada de Lyon entra en juego: Vignes/Dubosc. En agosto, un combiando Paris-Lyon consigue abrir la puerta de la pared por los sistemas de fisuras inferiores. Pero la tempestad vuelve a cortarles. El verano termina con un espantoso derrumbe. Cae una descomunal laja de 300m de alto, 80 de ancho y 20 de espesor!!. El caos de bloques inestables generado por la caída hará desistir el verano de 1951 a los franceses, pero el siguiente, el de 1952, será el definitivo. En un ataque de 5 días consiguen superar el inmenso diedro de 90m, todo en artificial. Tras él se ven obligados a dar un enorme péndulo a derechas, que agota al equipo en vistas a una salida incierta. Dos semanas después, y enlazando desde la ruta clásica Alain de la cara norte (mediante una travesía descendente y desplomada que resuelven con buriles), el equipo de Magnone, deja equipado con cuerda fija el gran péndulo, y resuelve la salida a cumbre en escalada libre. La Oeste del Dru es la replica francesa de la Bonatti al Capuccin, pero ha sido resuelta en dos tramos aislados, y se han utilizado buriles. La polémica arroja agua sobre el fuego de los vencedores.


La ruta Magnone al Dru




El diedro de 90m durante su apertura




El tramo de enlace burilado desde la cara norte


El péndulo



El equipo aperturista brinda tras la consecución de la ruta










Georges Livanos


Renegado del granito del macizo del Mont Blanc, y tras obviar el Dru, regresa a sus vertiginosos Dolomitas, en compañía de sus inseparables Sonia y Robert. Allí entrena y ataca los casi 400m desplomados del Gran diedro de la Cima Su Alto de la Civetta. Su compañero en esta apertura fue Robert Gabriel, y en tan solo dos días consiguen revolucionar la dificultad extrema de los Dolomitas.




El trazado de la ruta a la Civetta






Robert Gabriel, Livanos y Sonia, su pareja, además de otro compañero (de izq. a dere.)






El diedro final de la Livanos-Gabriel a la Civetta




Max Niedermann

Importante y clásico escalador de la Suiza más oriental, que realiza dos de las grandes rutas del momento: la Cara norte del Scheideggwetterhorn, en compañía de Abderhalden, de 1200m de desarrollo, y de mayores dificultades en roca que su vecina, la famosa pared norte del Eiger. Y en segundo lugar el estético Pilar central del Grosser Drusenturm, en compañía de Wisi Fleischmann.



Max Niedermann en accion en los años 50s



El trazado de la Niedermann a la norte del Scheideggwetterhorn (en azul)






Joe Brown y Don Whillans

La ilustre y conocida cordada inglesa realiza su mas celebre apertura en el granito del Mont Blanc, la cara oeste de la Aiguille de Blaitiere, primera ruta de VI grado en el macizo. En este enlace se puede leer algo más sobre Joe Brown:



Joe Brown



Don Whilans




Joe Brown reposa en plena escalada, en Inglaterra





André Contamine

Francés de la Savoya que abre la famosa via Contamine a las Petit Jorases, de 700m de desarrollo y mantenida dificultad en libre. Su autor también deja otras importantes obras sobre roca en esta década, como son el Pilar Sur del Gran Dru o la cara suroeste del Peigne.



La Contamine a las Jorases



André Contamine






Walter Bonatti

Nacido en Bérgamo, Italia, una infancia difícil sacudida por la guerra no le impide criarse en los prealpes cercanos a esta localidad. A sus 19 años ya realiza en el Mont Blanc algunas de las más importantes primeras ascensiones italianas de todos los tiempos, a vías como la Walker de las Jorases o la Cassin del Badile. Más adelante se traslada a vivir a Cormayeur, y realiza la importante y revolucionaria ascensión del Gran Capuccin, que ya hemos comentado.


Su fuerte carácter y su dureza alpina le promocionan para la exitosa expedición italiana al K2 de 1954. Abandonado a la intemperie por encima de los 8000m por sus propios compañeros de expedición (aquellos que hicieron cumbre), Bonatti sufre un gran golpe moral que le hace renegar del ser humano. Es entonces cuando definitivamente asienta en su persona una filosofía de la soledad, filosofía que le llevará a planteamientos inusitados como el de atacar, armado de clavijas y tacos de madera, el Pilar Suroeste del Dru en solitario, ese mismo pilar que poco tiempo antes había rechazado sus ataques, encordado aquel año a sus compañeros Mauri, Oggioni y Aiazzi. Su gran éxito rompe totalmente los esquemas de la escalada. Sin duda una escalada redentora.



La linea solitaria de Bonatti al Dru, ya desaparecida...





Bonatti con su maltrecho petate, al bajar de abrir el pilar suroeste






Bonatti




A fines de década, y en compañía de su buen amigo de la infancia Oggioni, abre una ruta increíblemente expuesta en el más bello de los pilares de roca que se alzan en el remoto circo del Brouilard, a unos 4000m de altitud, y que buscan la cumbre del propio Mont Blanc. Tras una retirada a menos de cien metros de la cumbre del espolón rocoso, y forzando la casi imposible retirada, solo cuatro días después culminan la ruta entre tormentas. El Pilar Rouge del Brouillard, otra de las míticas primeras de Bonatti. La ruta más dura del macizo hasta el momento.



El Pilar Rojo del Brouillard




Otra toma del impresionante y bello pilar de roca






Walter Philipp y Dieter Flamm

Cordada de Viena, que, en contra del movimiento artificial existente, abre una importantísima y seria ruta de eminente escalada libre. Es un gran diedro directo a la Punta Tissi de la Civetta. Dos vivacs, y solo 40 clavijas para los 40 largos de Vsup / VI. Sin duda la gran referencia del libre de dificultad y compromiso de la época.




Walter Philip





El trazado de la vía





Philip en accion en la Civetta



El paño de la Philip-Flamm desde casi pie de vía







Dietrich Hasse y Lothar Brandler

Cordada perteneciente a la escuela Sajona Alemana que acomete uno de los grandes retos del momento: la directa de la Cara Norte de la Cima Grande. Con cuatro largos centrales de puro artificial, y gran dificultad en libre en el resto. Sin embargo se ven avocados a usar buriles, aunque los mínimos necesarios. Aunque lo parezca no será una obra de la escalada mecánica.


Lothar Brandler (primero por la izq.) y Dietter Hasse (primero por la derecha)





La Brandler-Hasse de la Cima Grande





Tras su éxito se dirigen a la gran muralla amarilla de la Roda di Vael, donde inscriben un audaz trazado dedicado a Herman Buhl. La vía levanta polémicas ya que han tardado cinco días y han vivaqueado en hamacas, siendo asistidos por compañeros desde la base de la pared, a través de un cordino auxiliar de 400m. Altísimo nivel en libre y los buriles estrictamente necesarios, dan gran carácter a esta ruta.





La ruta de la Roda di Vael








Jean Couzy, Rene Desmaison y Pierre Mazeaud


Cordada francesa autora de la tercera repetición de la Hasse-Brandler de la Cima Grande (tras la segunda hecha por Cesare Maestri), y que poco después planea abrir una ruta similar a esta pero en los 300m de la gran concavidad norte de la Cima Ovest. A ellos también se debe una importante apertura en el Olan.




Jean Couzy



La Couzy-Desmaison del Olan




La muerte de Couzy, obliga a Desmaison a reforzarse con Mazeud para acometer el proyecto de la Ovest. Además de con Lagesse y Colman, todos juntos culminan aquella vía en dos ataques consecutivos de cinco y seis días. 350 pitones y 30 buriles. La obra es dedicada a Couzy.



Pierre Mazeud y Rene desmaison en los años de la apertura





Cima Ovest, cara norte: 1. Francesa 2-3.Suiza-Italiana 4. Cassin y 5. Spigolo Scoiatolli





Mazeud en acción






Los Scoiattoli y Los Suizos

Dos famosos grupos o cordadas del momento, los primeros de Cortina, que esos mismos días batallan a la greña también en la Cima Ovest, a la derecha de los franceses. Además, poco después, los italianos también abren el imponente espolón cresteado del perfil derecho de aquella impresionante cara norte de la Ovest.




Un Scoiatolli en la Cima Grande




Otra cordada italiana durante la apertura de la cima Ovest












Ignacio Piusi y Giorgio Redaelli


A ellos se debe la ruta “directísima” de la cara sur de la Torre Trieste. Con 750m de desarrollo, la ruta eleva la dificultad artificial a cotas insospechadas. Cinco días de ascensión, 440 pitones, 90 buriles, y 45 tacos de madera.






Piusi y Redaelli






La Piusi-Redaelli de la Torre Trieste








Georges Livanos y Michel Vaucher


Livanos se asocia a fines de la década con este importante escalador suizo de solitarias (entre cuyos logros en solo están la Oeste de la Bussazza, o el encadenamiento de la Tissi y la Andrich en la Torre Venzia), y también en compañía de R.Lepage, realizan unas importantes actividades en el macizo del Vercors, en el Dauphiné. Allí , en aquellos lejanos y solitarios valles graníticos, abren otra de las grandes rutas clásicas de la escalada en libre. La Sur de la Aiguille de Sialouze.







Vaucher en estribos



El bello paño granítico de la Livanos-Vaucher de la Sialouze





23 marzo 2011

Protección del Pirineo


ESPELUNZIECHA, NUNCA MÁS.


Si los paisajes durasen menos que nosotros, ¿qué hacer cuando rostros seculares y hasta milenarios de paisajes se desfiguran velozmente? A veces el futuro reaparece como un pasado sin consumar. Algo que no alcanzó a hacerse presente en un momento dado y luego anduvo extraviado o guardado y más adelante se encontró o se retomó en momentos más propicios. O algo que tal vez estuvo esperando a que alguien se ocupase de desarrollarlo.

Como ejemplo de acciones negativas recuerdo aquellas planeadas en los años sesenta del siglo XX para muchas de nuestras montañas, que se cumplieron sólo parcialmente entonces y que han sido resucitadas ahora con nuevos apoyos y renovada tecnología, cuando desde ciertos presupuestos parecían propias sólo de tiempos sin retorno. Me refiero a la implantación de estaciones de esquí y su urbanización asociada en laderas pirenaicas y cantábricas, tan profundamente trastornadoras. Están nuevamente planteadas con la apariencia de un modelo de futuro.

Si se les ponen reparos, sus promotores suelen argumentar que sus daños directos y colaterales son “el precio del progreso”, cuando deberían decir que realmente son sólo determinado progreso conseguido a cualquier precio. Aunque desde hace tiempo es conocido que el becerro de oro no es precisamente la ley de la montaña, esta versión del “precio del progreso” viene a ser como una renovación de aquella filosofía arbitraria del “mal necesario”, que no por aparentar lo adjetivo (la necesidad) dejaba de ser la aplicación de lo sustantivo (un mal). Una conocida novela comenzaba diciendo que “no había belleza alguna ni en el paisaje ni en los ojos del hombre que lo contemplaba”: ¿será éste el precio del progreso?

La disarmonía creciente de la reciente acción humana en el paisaje es bastante generalizada y es observable en demasiados lugares por cualquier persona sensible. Yo he sentido aquí en más de una ocasión como algo propio aquello que apuntó el escritor Daudet, aplicado a un lugar particularmente querido que había sido mancillado. Escribía que prefería dejar pasar un tiempo antes de volver allí para permitir que sanara el paisaje dañado y se preguntaba con dolor si podría amar de nuevo aquella tierra herida y despojada. Hubiera deseado –añadía-enrollar los prados como alfombras, con los caminos, los atardeceres, recoger los estanques como si fueran espejos, hacer un ovillo con los arroyos en una bobina como se hace con los hilos de plata y encerrarlo todo cuidadosamente en un almacén a la espera de que pasase el agravio para después reemplazar en sus sitios los prados, los ríos y los bosques tal como eran antes del ultraje.

Si adaptarse a la montaña produce honda satisfacción y beneficio espiritual, cada vez hay menos lugares donde esto sea posible. Adaptar, en cambio, la montaña al interés o al capricho, que es exactamente lo contrario, se ofrece, con gran exceso de sentido práctico y falta de crítica ética, como si fuera lo mismo. Si casi todo parece en obras, todo está en amenaza de obras: pueblos, valles, caminos, canales de posibles aludes, tomas de agua, refugios. Entretanto no hay voluntad de corrección cultural. Así, los que escogieron estos lugares como vernáculos o montaraces tendrán que replantearse si no han acabado en una cantera. Cuando asistimos a uno de estos despojos, lo que queda es su sustitución por un producto de menor calidad, que también nos arrastra a un rebajamiento. Si, al contrario, reencontramos respeto a los paisajes perdidos, es el sentido mismo de la vida lo que nos renace dentro con toda su fuerza.

Pero como el hombre no está preso en sus paisajes, en nuestra relación con ellos existe, sobre todo, una expresión de libertad y, con élla, una adquisición de responsabilidad. El grado de asimilación del concepto de paisaje y su mantenimiento manifiesta, en cambio, la cultura y la moral territorial de una sociedad.

En nuestro diálogo con el mundo existe una relación moral. El paisaje es un producto del tiempo, revela lo que somos y, cuando los paisajes se eclipsan, se nos borran nuestras referencias y significados. Y, en ese acto de rebajamiento de calidad, se adquiere, hay que repetirlo, una grave responsabilidad.

Nunca más otra Espelunziecha. Hemos asistido aquí, inermes y desolados, a la desfiguración de un paisaje querido. Hemos aprendido mucho en esta batalla perdida; también hemos dejado en ella la candidez. Pero no el idealismo, que, al contrario, ha salido reforzado. No la fuerza para sostener nuestras razones, que no ha hecho sino aumentar. Tampoco la vigilancia, con el fin de estar alerta cuando ese modelo aciago quiere extenderse como una plaga por el Pirineo. Otra Espelunziecha, nunca más.

Eduardo Martínez de Pisón

22 marzo 2011

Propuesta de Mejora del proyecto de Parque Nacional del Guadarrama




Eduardo Martínez de Pisón, Juan Luis Arsuaga, Álvaro Blázquez, Francisco Cantó, Pedro Nicolás, Julio Vías, Pedro Heras, Antonio Sáenz de Miera, el Marqués de Tamarón,
y más firmantes…
En contorno rojo las ampliaciones propuestas:
A. Pasapán-Quintanar D. La Perdiguera
B. La Peñota-Arcipreste E. Occidente de La Linera
C. La Camorza F. Cabecera del Eresma

Más información y adhesiones en: mejorpnguadarrama@gmail.com