08 octubre 2010

OTOÑO EN LA SIERRA



Ayer di un paseo desde Cotos hasta la Sillada de Garcisancho, entre pinos vernáculos y venerables, trinos de pájaros y el suelo herboso, aún verde, plagado de setas, de azafranes silvestres y de quitameriendas. El cielo zarco, con la Loma de Pandasco y Peñalara nítidas. Sólo le hacen falta unas lluvias, las de este mismo mes, para que los arroyos corran a recuperar su brío. Todo son huellas y anuncios. El paisaje está ya esperando las nieves y su luz. Las copas de los grandes pinos parecen preparadas a recibir sus silenciosas capuchas blancas, entre colores que se matizan y sombras que se alargan. El aire fino en el collado no duda en ser el del frío que va a venir. Aunque el verano está aún en los prados amarillentos, el invierno se ha instalado en la brisa, en la luz tangente, en la diafanidad de la mañana. Nadie debería poder quitarnos este tesoro. Aunque bien es verdad también que la Sierra parece con frecuencia (a los hechos me remito) demasiado excelente para quienes la controlan, desean y administran o utilizan como mero instrumento de controversia. Lástima, sobre todo, que nuestros mandatarios regionales, que tanto se precian de serlo en barrios y municipios, tengan tan poco interés en extender su alta estima también a los regatos, las peñas, los bosques o los pájaros (que abundan en sus dominios), no para que les pongan una parada de metro, claro está, sino para preservarlos con la debida seriedad de la parte negra del contagio capitalino. Y este sector oscuro cubre un amplísimo arco desde los tiburones de las finanzas a los grafiteros, cada cual muy eficaz en su materia.



Tras tantos años de debate, no he logrado saber qué Sierra es esa de la que hablan unos y otros, si la de las urbanizadoras o la del esquí o las carreteras o los merenderos o los mercaderes o la vuelta ciclista o la feria cárnica o el alegato político, la administrativa, la productiva, la de los campesinos, la de los periodistas y turistas, la de los veraneantes y residencias secundarias, la de los ganaderos, madereros, picapedreros, cazadores de diversas especies estantes y de paso, poetas, alpinistas con prisa, hombres de ciencia impacientes, funcionarios de los municipios, de la comunidad o del estado, excursionistas de clases pasivas y activas, domingueros, competidores de carreras, betetistas, caballistas, moteros, automovilistas como centellas, camioneros de puerto, hosteleros, gastrónomos, grupos de trabajo o la de los ecologistas polemistas, pero ésta, la de la otoñal Sillada de Garcisancho, la de augusto nombre y silencio, la de los paisajes hondos, la del paisaje sin tiempo, ésta es la mía. Y supongo que la de muchos más, silenciosos individualistas y serenos contemplativos. Recuerdo que Borges escribía, más o menos, que hay lugares que parecen estar queriendo decirnos algo o que ya se lo han dicho a otros, a los que habría que preguntar. Esto me ocurre siempre con el Guadarrama. Pero sé que hay muchos que no escuchan (que no es a escuchar a lo que vienen o van) o que creen que ya lo saben todo y que ya nada necesitan oír. Así hay también una sierra entre sordos que parece muda, cuando, en realidad, no para de hablar.


Yo estoy agradecido a la sierra del silencio, a la del sol y la penumbra bien medidas. A la que posee grandes árboles, claros luminosos, arenas gruesas, raíces nudosas que cruzan los senderos, peñas grises de cristales negros y blancos. La del panorama apacible. La del nubarrón muy gris con una cúspide cegadora. La del trueno que retumba rodando por las largas lomas de las cumbres y se despeña por las laderas opuestas de la montaña. La del letargo en las solanas de los agostaderos y la de las prisas del agua en los barrancos de primavera. La de la laguna que ilumina con luz azul y ondulante las rocas de su orilla y la de la nieve que clarea el pie del cancho en sombra. La de la nieve temprana y tardía que se sacude la rama del pino en un golpe seco. Rocas rugosas, matorrales aromáticos, susurros del viento entre las acículas, parloteo del agua, ruidos leves entre las hojas del rebollar, peñascales dorados, de verdad, muchas gracias. Una vez expuesto lo que pienso, que cada uno diga con palabras claras y veraces cuál realmente es su sierra, la de los consejeros, los alcaldes, los constructores, los ciclistas, y todos los demás que antes he inventariado. Porque un Parque Nacional se hace sobre un paisaje, no sobre un interés determinado, y este Parque no se ha adaptado al final al primero sino a los recortes impuestos por los segundos ¿Deberían votar los paisajes para que les hicieran caso?



Eduardo Martínez de Pisón

01 octubre 2010

HISTORIA DE LA ESCALADA EN ROCA (1900-1910)

Escaladores en Dolomitas a fines del siglo XIX

DECADA DE 1900-1910:


ANTECEDENTES:


Año 1875…

La mayoría de las cimas principales de los Dolomitas ya han sido conquistadas, y el interés se desplaza a agujas secundarias, más verticales y difíciles.
Alemanes y austriacos comienzan a escalar sin guías en los Alpes Bávaros, el Tirol y los Dolomitas. Ello fue debido a su menor opulencia económica, y a la gran fuente de libertad y desarrollo personal que de ese modo encontraban. El precursor de estas “sin guía” fue el solitario explorador alemán Hermann von Barth, especialista en roca, y cuyas expuestas actividades en el norte del Tirol entre los años 1868-73 (para las que uso cuerda y alguna clavija ocasional), y sus escritos, inspiraron sin duda a las clases medias y jóvenes estudiantes, necesitados de una escapatoria a la rutinaria vida burguesa. De este modo Alemania retira el bastón de mando a los ingleses, cuya tradición en escalda se hallaba mas ligada a las clases altas de su sociedad.


Crítico grabado de Erns Platz en el que Hermann von Barth mira desconfiado desde las nubes hacia un tramo de pared infestado de clavijas.





Estos son algunos buenos ejemplos de escaladores de este momento:



Emil Zsigmondy
Vienés que junto a su hermano Otto logra numerosas primeras en Dolomitas y Alpes Bávaros, y máximo exponente de la escalada sin guía. Autor de un conocido libro de escalada de la época, en el que contaban sus experiencias (muchas malas) y en el que aparecen algunas de las primeras ilustraciones de pitones de reunión y de protección al primero de cuerda. Ambos logran hacer la primera travesía de la Meije, en compañía de Purtscheller, pero muere pocos días después al intentar la cara sur de esta misma montaña.


Dibujo perteneciente al libro de Zsigmondy, producido en 1885, en el que se observa una clavija del tipo "cuelga cuadros" , usada en la época.





Emil Zsigmondy




La ruta de tercer grado de los hermanos Zsigmondy al Felkopf





Grabado de la Meije realizado por el propio Zsigmondy.




Ludwig Purtscheller
Otro de los más famosos escaladores "sin guía", que realizo diversas primeras y que murió a los pocos días de una caída en el Dru. Tanto la muerte de Zsigmondy como la suya, solo sirvieron para dar fama de fanáticos y suicidas a los escaladores austriacos y alemanes.





Ludwig Purtscheller




Michel Innerkofler
Valeroso y corpulento guía de los Dolomitas di Sexto, perteneciente a una numerosa saga familiar de montañeros, autor de las primeras a la Cima Piccola de Lavaredo y a la Cima Ovest, y a la Croda dei Toni. Muerto a los 40 años de edad en un accidente mientras guiaba en el Monte Cristalo.




Michel Innerkofler


Innerkofler en un aéreo pasaje de las Cima Piccola


La ruta Innerkofler a la Cima Piccola sigue basicamente todo el perfil izquierdo de esta toma del risco.

La mayor accesibilidad de los macizos calcáreos del Este facilitó un mayor desarrollo de la escalada en roca. En los Alpes occidentales, el desarrollo es más tardío, pero en ellos se forjan míticos escaladores de la talla del inglés Albert Mummery, destacado entre otros importantes nombres coetáneos como el de su compañero de cordada, el guía Alexandre Burgener (primera al Dru), o el guía de Courmayeur Emile Rey.


Portada de un antiguo libro sobre la vida de Burgener.


Foto de época de Alexander Burguener


Emile Rey

Albert Mummery
Tras dos décadas en armónica cordada con Burgener, con quién realizó importantes primeras a importantes agujas de Chamonix (alternándose en todas las tareas y escalando de primero), así como repeticiones de las más importantes rutas de la época, Mummery fue desarrollando una concepción de la escalada alpina muy adelantada a su tiempo, y muy parecida a la actual.
Muestra de su filosofía visionaria es su conocida frase: “Cuando todo indica que por un sitio no se puede pasar, hay que pasar. Se trata precisamente de eso”.


Albert Mummery

Según se desprendía de sus escritos, lejos de los fines científico-románticos propios de la época, Mummery valoraba la actividad como un fin en si misma.
Además de todo esto, él fue uno de los introductores del sistema de la doble cuerda en el macizo del Mont Blanc, territorio en el que se practicaba una escalada demasiado expuesta, y donde apenas se usaba la cuerda para descensos (de echo, los primeros seguros usados allí, fueron tacos y clavijas empotradas para poder rapelar).

Una cordada en la famosa fisura mummery del Grepon, en el año 1898

Todo ello hizo que durante la última década del siglo XIX se erigiera en el gran líder de las escaladas “sin guía”, en el entorno de Chamonix. Sus logros van desde primeras como los Grand Charmoz, El Grepon, o la segunda al Cervino abriendo la arista Zmutt, por poner algunos ejemplos. Desapareció en 1895 recorriendo los flancos del Nanga Parbat en el Karakorum.


El Grepon


Otro pasaje de la ruta Mummery al Grepon, año 1898

Año 1899…
Conquista del Campanille Basso (IVº) a cargo de Otto Ampferer y Karl Berger, dos estudiantes de Innsbruck, como última de las cumbres principales vírgenes en Dolomitas.




DECADA DE 1900-10:

Con el cambio de siglo comienza el asedio a los Espolones y Paredes difíciles en si mismos, escalados con una gran carga de compromiso, y mediante un uso casi exclusivo de cuerdas de cáñamo como elemento de seguridad. Estos son algunos buenos y destacados ejemplos:

* Cara norte del Hochtor (800m de IVº con algún pasaje de IVºsup) a cargo del vienés

Heinrich Pfannl
Juez de Viena que también consigue la primera y famosa ascensión en libre al Dent du Geant, en compañía de otros dos alemanes, a través de la cresta norte y la cara noroeste, y sin usar clavijas.


Heinrich Pfannl

El ambiente de la norte del Hochtor a principios del siglo XX.

* Cara noreste de la Punta Emma (300m de IVºsup) de Tita Piaz en solitario

Tita Piaz

Apodado el “diablo de los Dolomitas” debido a sus difíciles rutas para la época. Otros ejemplos son la oeste del Totenkirchl (450m de IV) en el Tyrol austriaco, o el Campanile Toro.


Tita Piaz

Suya fue la siguiente y famosa afirmación: “La vida del escalador comienza noblemente cuando es seducido por la bellezade las montañas, continua mediante una fase de dura escalada, para acabar haciendo movimientos gimnasticos entre clavijas”


El trazado de su ruta a la Punta Emma

* Cara sur del Dachstein (IVº y 800m) escalada por Fran Steiner y su hermano Georg.


Fran Steiner (izquierda)


La Sur del Dachstein


Parte central de la ruta Steiner (pueden verse varias cordadas si se amplia la imagen)

*Las tres vías de Angelo Dibona de IVº grado (Dibona a la Cima Grande de 550m, la de la Roda di Vael de 350m, y la del Sass Pordoi con 800m de recorrido)

Angelo Dibona
Famoso guía de la localidad de Cortina, que normalmente trabajaba para clientes alemanes, y que tras grandes logros como sus trazados a la Roda di Vael o a la Cima Grande, a finales de la década, comenzó a usar clavijas y maniobras de cuerda con los hermanos Mayer, de Viena, en el Gesause (Austria oriental). Con ello elevaría considerablemente la dificultad de sus aperturas en los años siguientes.


Angelo Dibona


La Dibona de la Cima Grande


Angelo escalando en la Cima Grande.


La pared de la Roda di Vael (la ruta Dibona transcurre por el adiedrado contrafuerte de la derecha).


El Sass Pordoi. La Dibona discurre a la derecha de la vía marcada en la foto, aunque comparte el trazado en el muro final.

En el granito del macizo del Montblanc, en esta época, hay que considerar las vías del guía de Chamonix Joseph Ravanel, como por ejemplo las caras sur del Cocodrilo y el Peigne, la este del Caiman, o la famosa primera ascensión a la Aiguille du Fou, y la ruta de la “Z” entre el petit y el Gran Dru.


Joseph Ravanel


La Aiguille du Fou

Pero quizá las rutas más relevantes sean las de la cordada compuesta por el guía suizo Franz Lochmatter y su cliente irlandés Valentine J.E. Ryan.

La cara este del Grepon (saliendo a la cresta antes de hacer cumbre), la arista noroeste de la Blaitieré, y la arista este de la Aiguille du Plan (550m de IVº y IVºsup bastante sostenido), conocida como “Arista Ryan” y llamada a ser la más difícil de la zona por muchos años.


Franz Lochmatter


Escalada de la época a las placas del Grepon.


La Arista Ryan


Ryan y los hermanos Lochmatter

FUENTES:

233 ESCALADAS DE DIFICULTAD EN ALPES "Jordi Lluch" 1998

BIG WALL CLIMBING "Dough Scott" 1974

HISTORY OF THE GREAT MOUNTAINEERING ADVENTURES "Stefano Ardito" 2000

EN PAREDES EXTREMAS "Pause/Winkler" 1977

LAS 100 MEJORES ASCEN. DEL MACIZO DEL MONTBLANC "Gaston Rebuffat" 1973

LAS TRES CIMAS DE LAVADERO "Huber/Schwenkmeier" 2005