30 marzo 2007

Historia de los Empotradores (Part II)



Portada de la revista Summit, marzo 1973 (dibujo de Sheridan Anderson)







Charles Curtis fue, probablemente, el primero en construir empotradores de cable. Escaló por primera vez en Cloggy en 1959, y recolectó sus primeros y auténticos “nuts” en las vías de la Snow Down Line. En esa época estudiaba Quimicas en Sheffield. Se graduó en 1961 y se desplazó al Departamento de Geología y allí comenzó a hacer sus “Little Mester” en su taller-tienda. En el Club de Montaña de la Universidad de Sheffield, algunos miembros eran espeleólogos que esploraban las cuevas de Derbyshire, a pocas millas de allí. Estos espeleólogos hacían estribos de cable y le dejaron un ejemplo de aquellas herramientas. Sus primeros intentos de hacer nuts con cable fracasaron. Realizó un molde, y en el virtió aluminio derretido sobre el entramado del cable. Esto ocasionaba la pérdida, tanto del temple y como de la resistencia del metal.
En un intento de segunda ascensión a la ruta Vector, un itinerario de roca y hielo de Tremadog, Jack Soper tuvo una caíada sobre uno de estos nuevos empotradores de cable. El aparato estalló y se pudo ver que el cable estaba debilitado por el calor del metal fundido, en la fabricación.




Little Mester (2ª generación) (stephane pennequin©)




El siguiente modelo solventó completamente este problema. Ahora se cortarían bloques de aluminio previamente, y serían perforados por arriba (con un único agujero grande) y por abajo, con dos pequeños. El cable se insertaba, se anudaba, y se fijaba con resina epoxy de araldite. Charles hizo varios de diferentes tamaños, y llegó hasta el limité del grosor del nudo del cable. El nombre de “Little Mesters” venía de una variación dialéctica de “Little Masters”, nombre tradicional con el que se denominaba a los artesanos de cuberterías de plata de las industrias locales, del siglo XVIII y XIX.






Spud (stephane pennequin©)



En primavera de 1963, John Earnshaw, del Club de Montaña de Phoenix, formulaba en su mente la necesidad y la posibilidad de incrementar la seguridad de algunas escaladas. Después de numerosos esquemas y borradores, se decantó por el diseño del “Spud”, como siempre fue conocido. Su nombre se debía a que en el momento del diseño no tenía acceso a ningún tipo de maquinaria, y uno de sus mentores de escalada, Terrence Murphy, que era aprendiz de ingeniría, se prestó para llevar a cabo su prototipo. En Irlanda, a las patatas las llamaban “Murphys”, en jerga, y en Inglaterra “Spuds”, asi que devido a la inestimable ayuda de su amigo, John decidió llamarlos asi en su honor.

No tenía modo de testarlo cientificamente, pero, con algo de ayuda, pudo hacer una prueba, empotrandolo en una fisura cerca de la cumbre de una escalada de Ravensdale. Llenaron un saco de piedras y lo lanzaron desde la cumbre atado al aparato. Después de varias pruebas, decidieron que el “Spud” estaba listo para ser usado con seguridad.





Peck Cracker(stephane pennequin©)



En 1964, Trevor Peck, un opulente hombre de negocios que poseía una fábrica de medias en Leicester, también se vio involucrado en las primeras fabricaciones de empotradores. Su empeño se basó en producir un objeto menos costoso de fabricar que el MOAC.
Peter Biven y su hermano Barrie habían introducido a Trevor Peck en el mundo de la escalada, allá por 1951. Los tres llegaron a formar un equipo-cordada bastante capaz, durante muchos años. Sus “Crackers” eran hechos de una barra de duraluminio, cortada a la medida necesaria. Para las tallas pequeñas, usaba cables de acero más duros que los cordinos de poco diámetro.







(stephane pennequin©)
Peck Crackers y Ny-Chock (que uso Doug Scott en los 70)




(stephane pennequin©)
Peck Crackers, Chocks y Ny-Chock



Los primeros que hizó, en los que el final del cable estaba cerrado y soldado en plata, con una camisa prensada de cobre, estuvieron circulando ya en 1962. Pero no fue hasta 1967 cuando los cables comenzaron a ser cerrados con el sistema Talurit. Incluso salió una versión en nylon de este empotrador, el “Ny-Chock”.

Trevor fue el primer autor de una patente de un fisurero, en 1965. Algo que más adelante sería desechado, al reconocerse al MOAC como anterior en fabricación. Los “Crackers” de Peck no tuvieron demasiado éxito en Inglaterra, pero el escalador americano Royal Robbins regresó a Yosemite de un viaje a Inglaterra en 1966, y se llevó consigo, no solo algunos ejemplares, sino su experiencia real con estos aparatos de protección pasiva. En su gran libro “Advanced Rockcraft”, una magnífica foto de John Cleare mostraba a Peter Biven usando un “Cracker” en la Coal Face del Bosigran.
Por desgracia Trevor Peck desapareció prematuramente en 1969, y no pudo desarrollar la empresa que tenía en mente, la Peck Climbing Equipment.



Troll Wedges (stephane pennequin©)


En 1964 (o incluso en 1963), en una casa de campo del Peak District, hogar de Tony Howard, nacía un pequeño taller sin saber que llegaría a logar gran reputación internacional. Con su amigo Alan Waterhouse, Tony Howard comenzó a comercializar los famosos “Wedges”, bajo el nombre o firma de “Troll”.

Parba Spud y el Parba Big H (stephane pennequin©)


No muy lejos de allí, Paul Seddon, poseedor de una pequeña firma-negocio llamada “Parba”, fue consultado en 1965 por Ellis Birgham para construir nuevos empotradores que vender en su tienda de Manchester. Paul Seddon hizo sus prototipos de unas barras de 25 x 20 mm de aleación de aluminio, material que, curiosamente, también usaría para unas futuras clavijas que construiría…
Angulados a 14 grados, y perforados transversalmente con un simple agujero de 8mm, estos empotradores fueron también bautizados (fortuitamente) como “Spuds”.




Troll Big H (stephane pennequin©)


Troll Tee Chock (stephane pennequin©)

En 1968 Paul podujo, con gran probabilidad, los primeros empotradores para fisuras muy anchas, los “Big-H”, a partir de grandes piezas de sección en H. En 1967, en “Troll”, con unas barras parecidas pero en forma de T, crearon los “Tee Chock”.
En 1970, Paul Seddon formó equipo con Tony Howard y Alan Waterhouse, y crearon la tercera generación de “Troll”.


Clog Wedges (stephane pennequin©)


En el año 1966, en un cine abandonado de Deiniolen (Gales), Denny Moorhouse y Shirley Smith, dos originales personalidades, crearon la más mítica de las fábricas de material duro de montaña: Clogwyn Climbing Gear, más conocida con la abreviatura de Clog. En su primera época, un día en el que producían 24 unidades de empotrador, era un día bastante productivo.


Los Clog Hexagons (stephane pennequin©)


A finales de ese año, Denny Moorhouse hizo sus primeros “Hexagons”, inspiradores de muchos modelos posteriores. La talla 7 fue llamada “Jumbo”, y la 8 “Mammoth”. En pocos años, Clog pasó a convertirse en el término más genérico e importante en cuanto a empotradores, en todo el mundo. Iniciada la década de los 70´s, Troll y Clog comercializaban toda una extensa gama de empotradores que se adaptaban a todo tipo de anchas fisuras.

El Scottie (stephane pennequin©)



Al escribir esta historia, uno no puede olvidarse del “Scottie”. George “Scottie” Dwyer fue el primer guía de alta montaña gales; además fue el creador de un apasionante aparato….¡en 1946!. George nunca llegó a usarlo, debido a no ser considerado como algo ético en aquella época, pero, desde el punto de vista histórico, este complejo aparato, que podría ser el “abuelo” del American age Slider, se anticipo 15 años en su innovadora concepción.

28 marzo 2007

Historia de los Empotradores (Part I)

(Javier López ©)
Palan Martín coloca un microfisurero en "La Raya" (7c/5.12d), Pedriza.

Traducción del documento "2001, a Nut Odyssey" de Stéphane Pennequin

Hace mucho, mucho tiempo, cuando dios creo nuestro planeta, también debió pensar en crear los riscos en las entrañas de las montañas, pero no podemos saber si estaba realmente interesado en la escalada en roca. En cualquier caso, la primera constancia de haber colocado piedras empotradas deliberadamente en las fisuras, para que protegieran a los escaladores, data de 1926. Ese año Morley Wood lo hacía en la conocida vía “Piggot´s Climb”, en Clogwyn du´r Arddu (Gales del Norte). Se puede decir que aquel año comenzó la historia del Empotrador (Nut).





Clogwyn dúr Arddu




Durante las décadas de los años 20´s y los 30´s, Inglaterra había demostrado una aversión bastante generalizada hacia las clavijas, pero no por preservar el medio, sino por motivos rigurosamente éticos. Su uso era entendido como algo desleal y poco complaciente, hasta llegar al punto de una retirada masiva de pitones de la mayoría de sus riscos. La escalada libre, basada en el equilibrio corporal, era la única comúnmente aceptada, y ella contemplaba la posibilidad de una retirada en destrepe, de cualquier lugar al que antes se hubiera subido con cautela. Un estilo del que Paul Preuss fue pionero a principios de siglo XX en los Alpes, y que Preuss llevó a lo extremo con su ética de “sin clavijas” (las entendía como herramientas para una emergencia). Muchas grandes escaladas fueron abiertas de ese modo, mediante el aprovechamiento de salientes y lajas naturales de la roca para ser anudadas solo con anillos de cordino.


Paul Preuss



Durante las décadas de los años 40´s y 50´s, muchas (por no decir, la inmensa mayoría) de las rutas de escalada, seguían líneas naturales de la roca. En Inglaterra, los escaladores solían hacer acopio de piedras de diferentes tamaños, recogidas habitualmente en la base de dichas escaladas, y guardadas en los grandes bolsillos de las pantalonadas que llevaban. Por ejemplo, recogían piedras de granito de la región de Gales, y se las llevaban a las zonas de gritstone o de caliza de Derbyshire, para mosqueo de los geólogos, que no podían asimilar la existencia de aquellas rocas alienígenas.

En 1954, Joe Brown y Don Whillans utilizaron piedras empotradas en una fisura de gran dificultad, de la Oeste de la Aiguille du Blaitiére. Los escaladores franceses Paragot y Bérardini, autores de la segunda ascensión de la ruta, al no conocer aquella técnica, pensaron que aquellos ingleses eran marcianos, o de otro planeta. En aquella época, se usaban cuerdas y cordinos de grosores entre los 5 y 10 mm, cocidos en agua azucarada para hacerlos más flexibles y corredizos.

Pero mediada la década de los 50, la “Edad de Piedra” tenía los días contados, y una nueva etapa acababa de comenzar: “La Edad del Hierro”. La técnica del empotramiento de piedras gozaba de gran generalización, pero el nuevo grito comenzó a ser la introducción de piezas artificiales de metal (habitualmente tuercas). Hughie Banner plantea a Jack Soper como responsable de esta idea. Él podría ser el primero que empotró tuercas de metal en las fisuras, para escalar. John Brailsford comenta, no obstante, que sería muy difícil acreditar el primer ascenso con aquellas “Machined Nuts”,ya que, al igual que en otros ámbitos, esto fue algo totalmente espontáneo, y por lo tanto muy posible en cualquier otra zona de la Inglaterra industrial.


(stephane pennequin©)
Algunas tuercas antiguas aligeradas


Los primeros ejemplares aun no tenían suavizadas las aristas, pero no debió tardarse mucho en hacerlo, para eliminar el peligro de corte del cordino que llevaban pasado por el agujero. Las tuercas funcionaban como las piedras, pero tenían la ventaja de poder pasarles el cordino. El gran avance evitaba llevar los bolsillos llenos de pedrolos, que, además, tenían que ser anudados, y habitualmente en situaciones de lo más extremo y variopinto. De ese modo también fueron utilizados tubos de metal, anudados por el orificio, y cuñas y trozos metálicos algo flexibles y expansivos debido a su tamaño.



La "Snowdown Railway Line"




Dave Gregory recuerda que él y Jack Soper solían recoger grandes tuercas de las vías de la Snowdon Railway Line, una línea de ferrocarril que unía Llaberis con Snowdon, el pico más alto de Gales. Este pequeño tren de vapor, que tiene más de cien años de edad en la actualidad, pasaba bastante cerca de “Colgwyn dúr Arddu” (abreviado como Cloggy), la mítica escuela de escalada inglesa. Ellos tenían la superstición de que si encontraban alguna tuerca en la caminata de aproximación a los riscos, aquello significaría que tendrían suerte en la escalada de dia.




(stephane pennequin©)
El Acorn



Desde esos momentos, cualquier objeto susceptible de ser empotrado comenzó a ser estudiado por los escaladores. En 1961, un herrero de Sheffield llamado John Brailsford (que después llegaría a ser profesor de ingeniería tecnológica), creo el primer diseño de empotrador específicamente diseñedo para la escalada, el “Acorn” (Bellota). El primero salió en tres tallas diferentes, entre los 2,5 y 1,5 centímetros de ancho, aproximadamente, y fue construido a partir de unas piezas de aleación de aluminio. Además Brailsford creo unos iguales pero de “tufnol”, una fibra resinosa que llevaban algunas piezas ligeras y resistentes de los Rolls Royce.
El “Acorn” llevaba una tuerca alojada en su interior, atada a un cordino, lo cual ofrecía dos grosores empotrables diferentes, en el mismo aparato. Estos fueron, muy probablemente, los primeros empotradores comercializados en Inglaterra, por la Roger Turner Mountain Shop de Nottingham.


Un MOAC y un Acorn (stephane pennequin©)




Pero muchas de las fisuras que se escalaban con técnica de empotramiento de mano, o en bavaresa, demandaban un tipo de empotrador mas ancho. Después de calcular anchuras, John Brailsford prediseño unos tacos piramidales truncados, hechos de prueba en madera de balsa. Coronet Tools, una compañía de Derby especializada en aluminios, construyó seis prototipos en los que John practicó dos perforaciones, con un radio de unión en un extremo.
En los años 60´s, los testeos de cuerdas eran casi una exclusiva de Maurice Dodero, quién tenía un grosor estándar de 10 mm para sus trabajos. John dedujo que, en la medida en la que pudiera aumentar el arco o distancia sobre la que pasaba el cordino, en la parte alta del empotrador, aquello reduciría el riesgo de corte del cordino, en ese punto critico de contacto. Así fue como nació una estrella: el “MOAC”.



Los primeros Acorn de la marca Clog (stephane pennequin©)



Joe Brown, Don Roscoe (del club Rock & Ice), John Brailsford y su compañero de cordada, Doug Cook, comenzaron a usarlos, y a gozar de unos niveles de cómoda seguridad en la escalada en roca, totalmente inusitados hasta la fecha. En 1962, una primera partida de MOACs fue fabricada en Manchester, y el guía de alta montaña Peter Gentile, fue el encargado de proporcionarles un acabado a mano. Se montaron con cordino de 9mm, y Alan Kimber, un amigo de John Brailsford, pensó en bautizarlos como: los “Johnny”, término utilizado en el lenguaje popular de entonces para denominar a los condones.
Ellis Brigham, poseedor de una famosa cadena de tiendas de deportes al aire libre, de UK, esponsorizó los primeros juegos de aquellos empotras. Dueño también de una importante compañía importadora de material de escalada (la “Mountain Activities”), se sirvió en bautizarlos como los famosos MOAC. Muchos escaladores, ingleses y americanos, guardan sus originales juegos de MOACs, por el fuerte vinculo sentimental que les proporcionan.

09 marzo 2007

Tiziano II y Sabratah

Quedamos para escalar un jueves en La Pedriza. Vlady y yo nos proponemos hacer dos vías en solitario, La Tiziano II y la Sabratah, que van paralelas y de esta forma podríamos hacernos fotografías el uno al otro.

La vía Tiziano II es una clásica en los artifos equipados, sencilla aunque con un paso de friend y una salidita en libre que suele atragantarse, pese no ser de mucha dificultad.

El material necesario para esta vía suele ser 15 expreses (dejando sin chapara algunos seguros), un alien rojo o similar y pies de gatos.

La vía Sabratah es una vía que va a la izquierda de la Tiziano II. Entre chapas tiene algunos gancheos tallados y hay que usar varios friends.

El material necesario para repetirla es 2 uñas tipo talon o similar(gancheos tallados con un spit) un alien amarillo (2 pasos) y un alien azul. Unas 12 expreses y gatos para la salida a la reu.

Comentario de las fotos

Vía Tiziano II (A1 E0)

Photos: Javi L.
Climber: Vlady Smirnoff





Vlady montando la reu 0. Al principio un poco complicado y lioso al comenzar desde el principio en un techo, aunque pronto se hizo con el tema.



Él decía que no llegaba y yo que sí... gané. Estos pasos son quizá los más dificiles de la vía.




A punto de salir del techo, poco a poco la cosa se iría poniendo más sencillita.





Esta foto es de la parte vertical de la vía. Despues tendría que colocar un friend en una fisura horizontal.





Salida en libre de la Tiziano II. Muchas cordadas tienen que rapelar desde aquí, quedándose a dos pasos del final.


Vía Sabratah (C2f E2)


Photos: Vlady Smirnoff
Climber: Javi L.




La vía Sabratah tiene menos chapas que la Tiziano II, aunque su apertura fue mucho más guarra. La fisuras horizontales están talladas para que los friends queden perfectos.



Colocando un friend al principio de la vía




En esta foto sobre dos gancheos. Justo cuando estaba colgado de la superior comenzó un fortísimo viento a ráfagas que me tuvo pegado a la pared durante 10min. hasta que amainó



Otro gancheo. Se hacen un total de 5 gancheos en toda la vía




Recuperando el largo.




Próximamente más en la web del Vlady

05 marzo 2007

El Reino del Desplome (Leaning Tower, 1961). Ataque Final

Warren Harding en la Keeller Kneedle




Tercer Intento (7-13 Octubre, 1961)

Con los animos renovados, dedicamos el fin de semana del 30 de Septiembre a preparar nuestro siguiente asalto a la pared. Glen y yo subimos por las cuerdas fijadas el pasado Junio, para abastecer de viveres la repisa Guano, según Warren nos los iba pasando desde abajo (George no pudo venir por razones de trabajo). Con las manos llenas de ampollas acabamos por remontar las pesadas cargas. Por la tarde, Warren se reunió con nosotros, y pasamos una noche para el recuerdo en la repisa Ahwahnee, iluminada misteriosamente por la luz de un candil, y rodeados de enormes sombras que se proyectaban sobre la pared superior. Sentíamos un enorme abandono allí arriba. Tan solo una fina cuerda de nylon conectaba nuestro mundo con el otro de abajo.

El domingo por la mañana Warren tuvo que marcharse a su casa de Sacramento, mientras Glen y yo nos quedamos apañando el sistema de poleas, para aliviar el remontaje de las cargas. Cuando acabamos con la faena, descendimos a prusik por las cuerdas, que habían quedado fijadas a ciertos puntos de la pared para evitar una molesta y constante rotación en la subida. Todo quedaba pues listo para nuestro intento definitivo, para la semana siguiente.

La Torre tenía los días contados, y su primera ascensión por esta pared cada vez estaba más cerca. Trasportamos cerca de 90 Kg de comida y agua, además de todo el material de escalada, hasta la repisa que hay directamente debajo de la repisa del Guano. Nuestras reservas de comida eran variopintas, desde todo tipo de alimentos enlatados o no, hasta granadas o sardinas. De agua llevamos unos 12 galones (45 litros).

Entre el material de escalada había brocas, buriles, chapas, clavijas de todos los tamaños, mosquetones; 180m de cuerda de escalada de 10mm y unos 350 de la de 6mm para fijar. La repisa Ahwahnee era buena para estirar los sacos de dormir, asi que añadimos estos a nuestro material de vivac. Ahora había que remontar todo eso a las repisas superiores.




La Guano Ledge desde la R5




Warren y yo subimos a prusik y remontamos la cuerda fija. Era impresionante, ninguna parte de la cuerda tocaba la pared, que caía directamente al talud rocoso de la base. Listos para remontar las cargas, Glen enganchó una desde abajo; pero no había manera: demasiado pesada.

“¡Demasiado peso!, …tienes que aligerarla…” _le gritamos desde arriba.
“Solo lleva unos 8 litros de agua” _contestó.

Era obvio que remontar algo directamente desde el talud (unos 300m más abajo), era jarto dificil. El propio peso de la cuerda, la carga, y el roce con la repisa, era más de lo que Warren y yo podíamos ascender. Esto obligó a Glen a realizar diversos porteos durante casi toda la noche, hasta la zona de la repisa en travesía ascendente. Mientras, Warren y yo, pasamos una confortable noche en la repisa Ahwahnee, dentro de los sacos de dormir. ¡Como le agradecíamos ese noble esfuerzo!

Fue una fría y ventosa mañana la del domingo. Fuera de los sacos, tardamos tiempo en calentarnos para empezar los petateos. Ahora era el turno de descanso de Glen, mientras nosotros remontábamos hasta 13 pesadas cargas, que ocuparon la repisa Ahwahnee casi por completo (el petatéo es muy cansado para los brazos, y muy trabajoso). Metro a metro, tirón de manos a tirón de manos, la cuerda se iba acumulando en la repisa, y hacía dificil el moverse por ella. Dándole y dándole, hasta no poder más, y es entonces cuando el petate empezó a aparecer por el borde de la repisa.
Esa tarde, mientras Warren apilaba y ordenaba los víveres en la repisa, un repentino arrebato de viento infló mi saco de dormir y lo empotró contra él. Él gritó del susto y el saco voló desafiando la grabedad, y flotó durante unos segundos cual alfombra voladora, separado unos 15 metros de la pared. Poco después acabó cayendo sobre el talud.





Las fisuras del L5



Cuando Glen se reunió con nosotros (con el saco), yo me encontraba asegurando a Warren en el sexto largo. Un emplazamiento de seguro habitual en este largo sería: una V mala, un bolt de 6mm, una KB anudada, una V en una laja expansiva, una simond channel (V ó U) doblada. Fue un largo formidable. En cada seguro Warren advertía una y otra vez: _“¡Esta si que parece mala!, …estate preparado”.
Warren alcanzó finalmente un punto a unos 30m de distancia en diagonal, hacia la derecha de la Guano Ledge. Allí colocó un pequeño bolt, y bajó a prusik en plena noche. Glen, linterna en mano, nos indicaba el camino de regreso a la repisa Ahwahne.
Como no nos subimos ningún Primus (hornillo), nos tocó cenar raviolis frios.






A la mañana siguiente Warren reanudo la escalada y Glen aseguraba. Escaló una fisura ancha y profunda con clavijas bong-bong, y montó una reunión a la altura de un pequeño peldaño inclinado. Dada la situación, nos pareció una repisa. Graduamos el largo como un severo clase seis, con emplazamiento de 34 clavijas, 3 bolts de 6mm, y 8 horas totales de escalada. Debido a la inclinación del largo, en partes de la recuperación, los prusik iban sobre tramos de cuerda casi horizontales, tensionando bastante aquellos poco fiables buriles. Glen encontró problemas para recuperar, porque algunas de las clavijas se arrancaban al agarrarlas, antes incluso de poder subirse a ellas. Sin embargo, pronto le relevó y continuó colocando 6 clavijas más en la diagonal, muchas de ellas KBs, asi como tres buriles de 5mm. La oscuridad volvió a la pared, y dio un esplendido baño de brillo alpino a la Torre, mientras ambos fijaban la cuerda para volver abajo.

El desayuno fue muy pronto, y yo aseguré a Glen hasta que acabó su largo a base de colocar 11 bolts más, de aquellos de 5mm. Al final colocó uno de 10mm. Por fin un bolt bien seguro, bien colocado, y en una laja aparentemente sólida. Desde este bolt instalamos una cuerda fija de 60m hasta la Guano Ledge. Cuando hice el largo, me di cuenta de lo extremadamente separados que estaban los seguros, debido a la altura de Glen (más tarde, Warren y yo estuvimos charlando de diseñar algún aparato específico, llamado “Brazo-Denny”, o algo así, y que sería muy útil para quién tuviera que seguir a Glen en alguna apertura de clase 6). Decidimos dejar colocados los bolts de este largo, pero las chapas las recuperamos para usarlas en lo que quedaba de escalada.



Sin comentarios...






El humor se intensificó hasta proporciones épicas. Las modales taciturnos de Warren parecían darle una personalidad oriental, y no parábamos de reir con sus travesuras. Era raro el momento en que no estábamos riéndonos de algo.

Desde el punto más alto alcanzado el martes, un diedro extraplomado, repleto de barro y prendido de maleza, e interrumpido de vez en cuando por pequeños techos, aseguré en estribos a Warren, mientras colocaba 29 clavijas en una tirada de clase 6 moderada. El “Garden Pitch” (el largo del Jardín), fue un buen nombre para esta tramo.
Warren se reía y decía: _“Cerrar los ojos, por favor…”, mientras caía una lluvia de ramas y suciedad. La caída de un bloque de roca bastante grande presentó un problema al final de esta sección. De alguna manera, Warren se las arregló para soltarlo. Podíamos ver claramente que no le caería a nadie encima, e incluso gritamos varias veces “¡Piedra!” por si acaso. Warren seguía en estos momentos con sus bromas, y Glen y yo nos moríamos de la risa. La gran losa paso junto a nosotros silvando, separado unos cinco metros de la pared, y continuó en picado hasta estamparse contra el suelo, unos 300 metros más abajo. El estruendo retumbó por todo el Valle. Recuperé las clavijas del largo, y volvimos a bajar a la Guano Ledge a dormir, llenos de suciedad y agotados.

Ya nos estábamos cansando de la comida fría. El menú para esa noche era Guiso, pero no se podía saborear asi de frio, y adoptaba una textura viscosa en la boca. Yo comí muy poco, pero Warren y Glen, que tienen mucho más estómago, se lo acabaron hasta la última gota. Tuvimos otra noche repleta de estrellas, y de anécdotas de escalada. El ánimo no decayó en la fiesta.

El jueves fue mi día de descanso. Tumbado en la repisa Ahwahnee, tomé el sol y disfruté a lo grande con la placentera experiencia de ver escalar a Warren y Glen, 100 metros más arriba. Un delicado ballet aéreo, de dos sobervios escaladores.


El tramo de placa antes del techo, L8

Glen lideró un corto tramo que acabó bajo el característico techo triangular que se puede apreciar desde el fondo del valle. Estabamos todos conformes en que esta sería otra de las secciones clave de la escalada. Warren tomó el relevo, y comenzó a escalar en paralelo al suelo, de la manera más acrobática que puedas imaginar. Las clavijas bong-bong que iba colocando producían una extraña música que acompañaba a aquella impresionante visión. El ángulo se suavizaba conforme pasó el borde de techo. Una sección de clase seis bastante sufrida. Escaló en libre los últimos siete metros, através de unas placas inclinadas. El único tramo de toda la vía en el que no se usó el artificial.



Pasando el techo, L9


La noche estaba bastante entrada, y el valle estaba completamente en sombra. Desde nuestras distintas posiciones (Warren y Glen unos 150 metros por encima de mí, que me encontraba en la repisa Ahwahnee), mantuvimos una especie de consejo de guerra, y decidimos dormir en las pequeñas repisas de la parte más alta alcanzada, para asi poder hacer cumbre al día siguiente.
El sol se estaba poniendo y yo rellené a toda prisa un petate con frutos secos, zumo de frutas, ropas y linternas, para dejar recojida la repisa Ahwahnee. Después de una mirada nostálgica hacia la repisa, lugar que nos había dado tan largo y confortable cobijo, comencé la larga remontada a prusik de la cuerda fija. En poco tiempo alcancé la base del nuevo desplome, y me quedé allí a la espera, sobre estribos, hasta que Glen desclavó el techo. Finalmente éste alcanzó a Warren y fijaron una cuerda. Después de un pequeño retraso estuvieron listos para remontar el petate. Solté la cuerda que lo amarraba, y éste voló increiblemente alejado de la pared, y despareció en la oscuridad.

Entonces comencé una de las recuperaciones a prusik más costosas que recuerdo. Me encontraba bastante confuso y no sabía muy bien como empezar. Preparé un tercer anillo de prusik, más para aliviar la tensión que para otra cosa. Mi mente estaba paralizada, tratando de calcular el esfuerzo al que sometería al sistema, pero finalmente me lancé, y pronto estuve balanceándome en el espacio, separado unos 10 metros de la pared.
Los faros de los vehículos relucían a gran distancia por debajo de mí, según recorrían todas las curvas de la carretera del valle. Que contraste más grande, mañana los turistas estarán bañandose en el rio Merced, o sacarán bellas fotografías del Capitan, mientras nosotros estaremos aprisionados aquí arriba, buscando culminar nuestra escalada.
Cuando acabé de recuperar el largo y llegué a la reunión, vi que la cuerda por la que subía estaba fijada a un pequeño bolt de 6mm, y a dos clavijas bastante dudosas. No pude evitar estremecerme al pensar el esfuerzo que realicé colgado de todo aquello.

Los tramos finales de la ruta



Pasamos una larga y fria noche de luna, bajo los ataques de pequeños pájaros. Algunos albaricoques nos ayudaron a mitigar los dolores del hambre. Ni repisas confortables, ni sacos de dormir aquella noche. Warren nos comentó que la escalada desde alli, se antojaba sencilla, quizá de clase 5 (parece que el diedro extraplomado del viernes por la mañana no le había sentado demasiado bien).
Warren escaló de primero el último largo, desplomado hasta el final, de clase 6 bastante difícil, y usó 20 cavijas y 5 bolts. Glen limpió el largo, y yo realicé la última remontada a prusik hasta la arista cimera. Las dificultades terminaron, y la Torre fue nuestra.


En la cumbre de la Leaning



Nuestra primera sensación fue la de la enorme felicidad que rebosaba y manaba de nuestro interior. Esto pronto dio lugar a emociones mucho más profundas. La satisfacción de haber saboreado la vida en toda su plenitud, al menos brevemente. Una vida despojada y desnuda, hasta llegar a su esencia. No importaba lo que futuro deparara para cada uno de nosotros, aquella Torre nos había unido con unos vínculos de camaradería que la mayoría de la gente jamás experimentaría. Siempre sentiríamos afecto y respeto por aquella pared.
Según destrepábamos las pendientes de la parte de atrás, la tenue luz del atardecer y las sombras daban un bello aire nostálgico a la zona. Al paso por las Cathedral Rocks echamos un último vistazo a nuestro enorme amigo granítco, antes de la vertiginosa bajada a las oscuras profundidaes del barranco Gunsight, asi como al nuevo mundo que nos aguardaba.



Un croquis reciente de la vía

03 marzo 2007

Premiere de ARTIFO EXTREMO by "Ayuso Bro."




La proyección comenzó con unas breves palabras de presentación. Se apagan las luces y dan al "Play"

La estructura de la proyección es bien simple, la primera mitad es escalada en libre ( atención a la escalada del "Animal" a la Sur del Pájaro) y la segunda mitad es artifo. En esta segunda mitad de la proyección (pese a ser de escalada artificial, a mi me pareció más dinámica que la primera parte) cabe destacar la repetición de "la raya del lápiz" A5-R con vuelo incluido.

Tras una hora de proyección, Maria, Galo, Jesús y Félix Ayuso salen a contestar cualquier tipo de pregunta, siendo casi todas relacionadas con el artificial y su técnica.


Esto es un breve resumen de un documental con vídeos y fotografías de La Pedriza, que no se debiese de perder ningún amante de esta escuela ni del artificial.

Estos son algunos de los riscos que aparecen en la proyección:

La vela
El falso Molondrio
El mogote de los suicidas
El Elefante (uno de tantos)
El Pájaro
El cancho de los muertos
El Hueso
El Yelmo
Los Brezos
..........