27 abril 2006

Puente de los pollos.

Los Lunnis con problemas en el puente de Los Pollos. Alguien se llevó una clavija original de la apertura, sin dejar nada a cambio. Tuvimos que apañarnos para intentar meter algo. Finalmente apareción un clavo de los 5000 que quitamos del clavel rojo que quedó bien y ahí se quedó. Una transfusión UBSA pero no corrais... que el clavo que metimos no es ninguna reliquia.









26 abril 2006

Lunni Subvención para Palan

(Palan durante la primera en libre de Aquaria)


Exclavitut 7b+
La raya 7c
Tutankamon 7c
Aquaria 7c


¡Felicidades Palan!, has ganado una Lunni-Subvención para que continues llevando al máximo nivel la escalada en fisuras...





20 rollos de esparadrapo marca ACME





Para que así, ya no tengas que preocuparte a la hora de empotrar manos.







23 abril 2006

Al filo y A5 Lunnis.

Al filo de lo Imposible emitirá un capítulo la temporada que viene sobre la exploración de La Pedriza y sus riscos. En dicho capítulo se hará un repaso histórico sobre las escaladas realizadas en los principales riscos del futuro Parque Nacional. Para ello ha contado con la colaboración de escaladores punteros actuales y los Lunnis, filmando sus ascensiones por estos emblemáticos riscos. Los Lunnis fueron los encargados de escalar la vía Oeste del Pájaro. Por un infortunio meteorológico, vieron su ataque rechazado a tan sólo 100m de la cumbre.

En una nota de prensa, se prometió no hablar más de los indios "Tahues", centrarándose un poco más en las escaladas y descartando cualquier voz psicofónica de fondo hablando de la Madre Tierra.








21 abril 2006

MUIR WALL






Después de la apertura de la North American Wall en 1964, Yvon Chouinard buscó una escalada aun más audaz. Con su compañero TM Herbert intentó escalar por una zona inexplorada, en cordada de solo dos escaladores. Castigados por la lluvia y el calor, alcanzaron la cumbre con tan solo un buril restante en el petate, y sin agua.
Teniendo en cuenta el material que se usó en la apertura de la Nose en 1958, el lector pude darse cuenta del logro de esta escalada; Chouinard y Herbert planificaron el material al límite de lo necesario, y casi no lo logran. Durante los días finales de la escalada ambos llegaron al límite de sus fuerzas y comenzaron a experimentar un aumento de la percepción al borde de las alucinaciones. Chouinard habla de su elevado estado de conciencia en este artículo, pero un buen amigo suyo, Dough Robbinson, se extendió más sobre este tema en un artículo publicado en la revista Ascent, en 1969, titulado: “El Escalador como Visionario”. Robbinson escribió:

“Las visiones de Chouinard no fueron accidentales. Fueron el resultado de tantos días de escalada. Él estaba influido por las dificultades técnicas, el dolor, la aprensión, la deshidratación, el gran esfuerzo, la soledad de los sentidos, y la pérdida gradual del ego. Es algo sistemático. Solo se necesita repetir esas condiciones físicas y mentales con uno mismo. Ellas te abren la puerta. No hay que tener el nivel técnico de Chouinard, solo su misma entrega a la tarea. Las visiones son como observaciones muy intensas. Suponen el ver lo que implica cualquier situación, pero de una manera mucho más profunda, y el seguir este proceso lleva a una especie de sentido ecologíco. Una ecología más intuitiva que científica; a la manera de John Muir, sin partir de generalizaciones sobre árboles, rocas, aire,etc… pero si de efectos como el del bocio en la parte alta del tronco de un árbol determinado, o de las rocas como las percibió Chouinard, supremamente suficientes, desprendiendo de continuo una luz perfecta. O como aquel aire que les llegaba puro y cálido desde los desiertos del este, evocando en la memoria las nieves del Dana Plateau y las copas de los árboles de Tuolumne, según éste soplaba desde lo alto de la pared, en su camino descendente hacia el Pacífico”.

(Galen Rowell)



“Más allá del esplendor que inunda la roca de El Capitán, considerada por muchos como la más sublime de las características del valle, se le puede ver entre los bosques de pinos, descaradamente erguido sobre la línea general de las paredes, con imponente grandeza; un completo espectáculo. Tiene 1000m de altura, puro, severo y simple, una figura de granito esculpida por un glaciar, la base de una de las cadenas montañosas más antiguas y compactas, sin rival en altura y extensión, y perfecta resistencia”
(John Muir, The Yosemite)




Más que ninguna otra montaña o formación rocosa, El Capitán ha sido responsable y testigo de los cambios filosóficos y del surgimiento de nuevos estándares en la escalada americana. Y no solo hablo de escalada en roca, ya que los nuevos límites de la escalada en hielo también están siendo establecidos por los especialistas de roca de Yosemite.

La nueva filosofía se caracteriza por hacer pequeñas expediciones a áreas remotas, para probar nuevas rutas de dificultad extrema con un equipo mínimo, sin cordadas de apoyo ni cuerdas fijadas al suelo; viviendo días e incluso semanas del tirón, sin dejar huellas de su paso. Este estilo purista conlleva más que un simple esfuerzo, requiere personalización e implica mayor riesgo, pero al ser más de ideal reporta mayor satisfacción.

Es más que probable que las bases para este tipo de escalada las estableciera John Muir. Él solía vagar por la Sierra durante semanas, comiendo solo pan o lo que podía encontrar en la tierra, durmiendo bajo bloques con el único abrigo de sus viejas chaquetas, y regocijándose durante las tormentas de verano. Eligió vivir la naturaleza tal y como se presentaba, sin imponerse a las montañas humanizándolas con las comodidades, pero sí conviviendo con ellas, adaptándose a si mismo a los rigores de dicha experiencia.
Esta era una manera vigorosa y fuerte de vivir, pero sus escritos nos relatan su intensa comunión con la naturaleza y profundas experiencias místicas. Los científicos explican que cuando el cuerpo está debilitado por el ayuno, los sentidos se agudizan e incrementan su receptividad. Esto explica parcialmente ese misticismo, pero lo que no se comprende bien es como, en ese estado, pudiese mantener su prodigiosa fortaleza. La respuesta es sencilla: estaba completamente adaptado al medio, y a comer poco.

Esta misma actitud fue adoptada más adelante por John Satathé y Axe Nelson, que entrenaron sus cuerpos para llevar a cabo su ascensión de la Lost Arrow, desde la base del valle, con muy poco agua. Su escalada de 5 días con poco más de medio litro de agua por persona y día, sigue siendo toda una hazaña a día de hoy.

La ascensión de la North American Wall durante nueve días seguidos en 1964 no solo fue la primera ascensión de un tirón del Capitán, sino una experiencia que fue más allá. Aprendimos que nuestras mentes nunca paran de adaptarse a las situaciones cambiantes. Fuimos capaces de vivir y trabajar y dormir confortablemente en la vertical. Cuando la comida y la bebida escaseaban, nos dimos cuenta de que había una enorme fuente de energía comiendo únicamente diez uvas pasas. De hecho llegamos a la cumbre sintiéndonos capaces de seguir subiendo otros diez días más. Nunca más volvimos a preocuparnos de hacer escaladas de varios días, ya fuese en Yosemite o en Alaska.

Después de aquella escalada nos hicimos la pregunta inevitable: ¿Cuál será la próxima? La respuesta fue obvia: Otra primera ascensión en el Cap, del tirón también, pero con una cordada de dos en vez de cuatro personas. Esto no solo doblaría la carga de trabajo y la responsabilidad, sino que también reduciría considerablemente el factor de seguridad.
Es lo desconocido lo que incita a los hombres valientes, y probar una nueva ruta en esta gran pared estaba lleno de cosas desconocidas. En la primavera de 1965, después de haber estudiado la ruta los dos años anteriores, y ajustando la planificación del material necesario hasta el último pitón o el último vaso de agua, además de sopesando las consecuencias de un problema en lo alto de la ruta, T.M.Herbert y yo, nos sentimos finalmente, preparados para el gran ataque.
Nuestra línea propuesta comenzaría a la derecha de la Salathé, ascendiendo algunos diedros encajonados y lajas arqueadas, y cruzaría las Mammoth terraces para seguir más o menos hacia arriba, manteniéndose a la izquierda de la Nose.


En Moby Dick



14 de Junio:

En la primera y fresca mañana nos dirigimos a donde , la noche anterior, habíamos dejado todo el material necesario metido en Petates de lona. La escalada comenzó en la losa denominada “Moby Dick”, un severo tramo de dos largos. Desde su repisa superior nos descolgamos rapelando unos 7m hacia la izquierda, y comenzamos la clavada. Las clavijas quedaban bien pero la cosa se complico cuando el diedro se inclinaba hacia la izquierda. Hubo auténticos trabajos de jardinería para quitar la tierra y la vegetación que impedía clavar los pitones, y, habitualmente, esta labor se llevaba a cabo sobre estribos. Tuvimos que colocar dos buriles para alcanzar una laja horizontal de unos 20m de longitud, donde colgamos nuestras hamacas y gozamos de un seguro descanso.


Uno de los empotres de los primeros largos durante la apertura

15 de Junio:

Continué en travesía colocando clavijas, con mucho cuidado para no expandir la laja. Después continuó TM Herbert, alternando clavijas y buriles, en una laja arqueada suelta de aspecto peligroso. Después de alcanzar un ancho canalizo, la escalada perdía dificultad y pudimos ganar rápidamente altura. Según se ponía el sol, TM Herbert penduleó hacia una amplia repisa donde pasaríamos la noche. De alguna manera falló nuestro sistema de petateo, y casi nos deshidratamos para izar los dos petates de 25Kg que llevábamos. La clave de la escalada fue el calor, y el constante mosqueo con el tema de no poder izarlos. Teníamos una buena repisa donde tumbarnos completamente estirados y aumentamos el confort acolchando la zona con los petates. Aquella repisa nos devolvió el buen humor, y entre charlas y bromas nos quedamos dormidos.


En el L17

16 de Junio:

Como esperábamos, el tercer día fue mayormente de escalada libre, de dificultad moderada, por todo el borde derecho del “Corazón (Heart)”. Al atardecer llegamos a otra buena repisa, un largo por encima de las “Mammoth terraces”. La última tirada la hicimos bajo la lluvia, después de un brusco cambio de tiempo que transformo el intenso calor en una leve llovizna. Cuando empezó a caer en serio, nos acurrucamos en nuestros impermeables y esperamos a que cesara. En una breve pausa, TM comenzó a clavar el primer largo del día siguiente, mientras yo le aseguraba y a la vez recogía agua de la que caía por la pared. Ese agua tenía un brillo verdoso y sabía francamente mal, así que decidimos guardarla para el último día.




17 de Junio:

La primera mitad del día continuamos por una fisura solitaria y continua, para cambiarnos a otra, hasta vernos forzados a abandonar la escalada, en el momento en el que la intermitencia de la lluvia se transformó en un fuerte chaparrón. Condenados a otro vivac, nos preparamos para ello lo mejor que pudimos. Tratamos de protegernos de la torrencialidad de la lluvia colocándonos bajo las hamacas a modo de escudo. No paró en toda la noche de caer y el frió se hizo bastante intenso, como el de una tormenta de alta montaña. Completamente calados, nos abrazamos para mantener el calor. TM tuvo una noche especialmente mala, tiritando te tal manera que casi no podía ni hablar. Cuando lo intentaba aquello era delirante. Estábamos muy desanimados y por momentos perdíamos la visión y el ánimo. Sin embargo, ninguno exteriorizamos nuestros pensamientos sobre una posible retirada.


18 de Junio:

La luz del amanecer nos devolvió el ánimo. Una perfecta fisura a lo largo de un diedro desplomado nos permitió ganar altura rápidamente, mientras la inclinación de la pared nos salvaba de la lluvia. En lo alto del diedro, Herbert colocó unos buriles para flanquear una placa, y llevó a cabo un gran trabajo al alejarlos increíblemente, estirándose mucho. Esperábamos que esta travesía nos llevara al las “Bandas Grises (Grey Bands)”, desde donde alcanzaríamos el comienzo del tramo final de nuestra ruta. Después de un descanso por el esforzado trabajo de colocar 12 buriles, todos en horizontal, Herbert se descolgó un poco, bordeó un diedro, y comenzó a ascender en oposición por unas bavaresas verticales. Al perder la comunicación conmigo, retrocedió penosamente hasta lo alto de una laja bastante inestable, desde la que me pudo asegurar.
Fue un increíble esfuerzo que culminó el día. Solo me dio tiempo a dar el siguiente largo y alcanzar el límite de las Bandas Grises al anochecer. Entonces rapelamos hasta una buena repisa y montamos el vivac como buenamente pudimos. Mi camiseta estaba inhumanamente empapada, y Herbert me dio el suéter que tenía reservado para el resto de la escalada.




En libre, recientemente, en el L24


19 de Junio:

Pero aquella noche guardaba tras de si una horrenda visión. Separándonos de la cumbre se abrían ante nosotros 300m de pared virgen y desplomada, rematada por un techo de unos 10m de saque. Para afrontar todo este tramo disponíamos de comida y agua, pero solo contábamos con 9 buriles. No había ninguna manera de bajarse de allí. La única retirada posible pasaba por atravesar las Bandas Grises para poder alcanzar el trazado de la Nose, unos 120m más a la derecha, por la cual sabíamos que tardaríamos poco más de dos días en alcanzar la cumbre. Aparte de lo incierto de nuestro camino a la cumbre, y nuestros pobres suministros, estábamos exhaustos física y mentalmente, fruto del agotamiento de la escalada y de los fríos y húmedos vivacs. ¿Debíamos seguir o retirarnos?, aquí estaba la línea a cruzar, de la que Herzog hablaba tan elocuentemente en el libro “Annapurna”. Un error puede costar caro, pero los valores a conseguir después de un éxito pueden ser tan valiosos como para cambiar de raíz la vida de una persona.

En la chimenea del L21


Después de todo, ¿por que estábamos aquí, sino para adquirir esos valores personales? Por debajo de nosotros solo había diez personas que sabían donde estábamos. Aunque tuviéramos éxito, no habría ninguna multitud de adoradores de héroes. Gracias a dios, la escalada americana aun no ha llegado a esa penosa situación.

Tomada nuestra decisión, TM siguió hacia arriba. Desde este momento mis recuerdos de la ruta son bastante vagos. La escalada artificial y la libre se me mezclaban, los diedros, fisuras de empotrar y bloques salientes, son indistinguibles del inmenso desplome. Los largos no tienen final, y los días se entremezclan. Solo recuerdo trozos y secciones. Una fogosa y horrible chimenea palpita aún en mi mente; y el péndulo más difícil que jamás haya hecho. Continuamente, los desplomes y los salientes nos impedían saber bien por donde seguir. Recuerdo ver un maravillosos halcón peregrino en el fondo de una de las chimeneas. Y el brillo de diminutas partículas, destacando en los cristales del granito gris.


20 de Junio:

La vista bajo nuestras hamacas era terrorífica, 700m de vacío bajo nosotros. Pero parecía otra vida, y comenzamos a descubrir nuestro propio mundo. Ahora nos sentíamos como en casa. Vivaquear en hamacas era algo completamente natural. Nada se nos hacía extraño en nuestro mundo vertical. Con nuestros sentidos agudizados, y más receptivos, apreciábamos todo lo que nos rodeaba. Cada cristal individual del granito resaltaba de la pared con intrépida forma y relieve. Las variadas formas de las nubes no cesaron de captar nuestra atención. Por pequeña que fuera cualquier alimaña o insecto que se moviera por la pared, nos percatábamos de su movimiento. Recuerdo estar asegurando en una reunión y seguir los movimientos de un bicho rojizo brillante increíble, durante, al menos, 15min seguidos.
Como puede haber nadie aburrido en ningún lugar, habiendo cosas tan increíbles para ver y sentir. Esta unión con nuestro vivo y alegre alrededor, esta percepción ultrapenetrante, nos proporcionaba una satisfacción que no habíamos tenido en años. TM no recordaba nada similar, le retrotrajo a gratas experiencias de niño en el porche de su casa, cuando sentado con su familia solían observar bellas puestas de sol.

La escalada continuaba siendo extrema, y, en nuestro débil estado, los largos más agotadores nos llevaban muchas horas. TM es normalmente un escalador equilibrado y conservador, pero en esos momentos escalaba brillantemente. Atacó el largo más difícil de la escalada, una serie de lajas desplomadas y bastante sueltas, con absoluta confianza. Colocaba clavijas entre enormes bloques sueltos que podían romperse en cualquier momento, sin vacilaciones ni dudas en su habilidad.



El increible diedro del L28


21 de Junio:

Al despertar en nuestro octavo día devoramos los últimos bocados de alimento que nos quedaban,y nos terminamos también el agua. Quedaban 4 buriles y 120m por delante de escalada, y el peso constante en nuestras mentes de aquella cumbre desplomada. Iba a estar apretada la cosa. Cuando las fisuras eran buenas, eran de una anchura muy constante, así que, continuamente, teníamos que descolgarnos para recuperar material para poder seguir abriendo. A menudo las fisuras estaban bastante ciegas, así que teníamos que hacer flores de clavijas anudadas con cintas, y con solo las puntas clavadas. La lentitud de la progresión era frustrante. La lluvia continuaba cayendo en forma de una cortina plateada que se separaba de nosotros unos 10m, sin mojarnos. Colgando de clavijas en desplome colocamos nuestro último buril, y ayudados por un “cliff hanger” (gancho) en una frágil laja, alcanzamos sutilmente una buena fisura de salida.

Nuestros colegas nos apremiaban desde arriba prometiéndonos champán, pollo asado, cerveza y fruta fresca. Pero el desplome de salida aun nos impedía llegar, y ya en plan enfermo, probábamos una fisura ciega tras otra para lograr salir. Con la ayuda de una luz desde lo alto emplazamos nuestro último pitón. Entonces dimos unos cuatos pasos titubeantes en la horizontal, y nos abandonamos a una orgía gastronómica.

Observando nuestra ruta desde abajo un atardecer, con una bruma azulada cubriendo la cara oeste del Capitán, ésta parecía haber perdido su aspecto temible pero se presentaba más distante y misteriosa que antes. Una ruta difícil de afectar por la mera presencia de un hombre. Pero nosotros si habíamos cambiado, habíamos absorbido parte de su sólida serenidad.

Vía de La Luna



Parece que ya está decidido el próximo objetivo: La vía de La Luna.

Ya lo intentamos hace casi 2 años, pero por problemas de tiempo sólo pudimos ir, echar un vistazo al impresionante murallón de la Peña del Águila y volver.
Despues no ha habido ocasión de intentar ni tan siquiera acercarnos a los Galayos.

Las ilusiones siguen frescas, aunque con una mentalidad mucho más serena. En estos dos años hemos acumulado experiencia y técnica, que se resume en una mayor autoconfianza. Seguimos con el propósito de una escalada respetuosa y limpia, sin utilizar la maza. Tambien hemos pensado no fijar cuerda y hacer la vía de abajo arriba en un solo ataque, teniendo que dormir en hamaca de pared.

Tenemos el propósito de recobrar el itinerario original de la primera escalada y plasmar toda esa información en un nuevo croquis de la vía. Recorrido, dificultad, material, estado de las reuniones, etc...

Próximamente más información.

11 abril 2006

Accidente en Yosemite

¿SEGURO QUE ESTAS SEGURO?




Septiembre, día de descanso entre tapia y tapia; dejamos el camp 4 para subir a Las Catedrales para probar fisuras a la sombra.


Como siempre la pared nos recuerda que somos humanos y que nos agarra y nos suelta a su antojo. Caigo probando una fisura al fallarme uno de los pies que tenía en adherencia, me saltan dos seguros y el vuelo es considerable, con tan mala suerte que en mi descenso, el pie derecho se encaja en una fisura y quedo colgado de la cuerda, me miro el pie; esta hecho polvo: fractura abierta de tobillo triple fractura de astrágalo, fractura del quinto metatarso.


Por mi cabeza lo primero que pasa es: "se acabó para mí la escalada" pero rápidamente pienso que hay que bajar de aquí y ahí entran en acción los compañeros. Eduardo baja corriendo a buscar ayuda, mientras Macarena y Darío me bajan y me tumban en el suelo, al cabo de veinte minutos, no mas, llega el rescate, rapidísimo, me inmovilizan, y me bajan a todo correr a una ambulancia que espera en la carretera, esta me saca del bosque hasta un helicóptero que en media hora me lleva al hospital de Modesto. Un rescate ejemplar donde la profesionalidad de todas estas persona salvan muchas vidas. A todo esto me preguntan si tengo seguro y claro yo les digo que sí, que no hay problema.


Ya en el hospital los médicos me comunican que me tienen que operar de urgencia, me informan de lo que van a hacer y yo les respondo que me pongo en sus manos. Entra por allí otra persona que si tengo seguro, y claro, yo le repito que sí.


Al cabo de unas horas y por fin me veo el pie en su sitio, ¡menos mal! Y aquí empieza la pesadilla. A Macarena y a mí, nos comunican que a las 03:00h , es decir, seis horas después de ingresar en el hospital debíamos 20.000$ (3.000.000pts) y que la aseguradora solo cubre 4500$ , a los dos días 81.000$ (12.000.000pts) y al tercero 92.000$ (15.000.000pts).


Después de mucha lucha con el seguro, dicen que van a correr con 7.000$ de gastos y que me van a repatriar cuanto antes, pero no se ocupan ni de mi acompañante ( Yo recién operado) ni de los petates.

Por fin salimos del hospital y me llevan a un hotel (gasto del que tampoco se hacen cargo) a la espera de un vuelo que me lleve a casa, total que al cabo de otros tres días de lucha con el seguro me comunican que tienen todo preparado para llevarme a España.

Un viaje que no se me olvidará nunca. Imaginaros, con la pierna estirada ¿quién cabe en dos asientos de un avión? ¡Vergonzoso!

Bien, por fin en casa y ya no me enrollo más. La cosa queda así:


- Gastos de hospital 104.000$
- Gastos de rescate 16.900$
- Gastos de hotel 120$
- Gastos de medicamentos 60$
- Gastos de traslado al aeropuerto 180$


El seguro corre con 7.000$ de gastos hospitalarios y 9.000$ del rescate
Desde aquí agradecer a toda la gente que nos ayudo con el rescate, traslado y petates porque sin su ayuda todo habría sido mucho mas complicado aún. GRACIAS.

Nota: La cobertura del seguro va a depender de la federación territorial a la que pertenecemos, en mi caso era la vasca. Con todo esto no pretendo crear polémica sino dar a conocer la escasa cobertura que tenemos los escaladores fuera de España.



Félix (La Rioja) .


07 abril 2006

Croquis de Zarzalejo (Sector Pradera)




Aprovecho para hacer publicidad a unos amigos:


- Sala de búlder Blokearte -


Con paneles de fibra que reproducen la roca natural. Han cuidado mucho la construcción del rocódromo y eso es algo a tener muy en cuenta. Tienen una zona para calentar con diferentes aparatos, espacio de lectura, vestuarios, duchas, alquiler de gatos...

También venden gatos a buen precio.


Datos:


Dirección:
C / Navarra Nº 17 Alcobendas (Madrid)
Teléfono:
91 490 48 27
Horario:
10:30 a 14:30 y 16:30 a 22:00

No es necesario estar federado. Entradas y bonos mensuales y de 10 sesiones. Llamar para consultar precios y demás información.

- Concurso de fotografía de montaña -


Descripción La Sala Blokearte, convoca un concurso fotográfico bajo el tema de "la naturaleza".
Destinatarios Público en general aficionado a la fotografía y amantes de la montańa.
Fechas actividad Desde el 17/04/2006 hasta el 29/04/2006
Fechas Inscripción Desde el 17/04/2006 hasta el 29/04/2006
Observaciones Se admitirá una imagen por autor/a. Al presentar la obra se abonarán 3 euros de inscripción, excepto socios y abonados de Blokearte. Las obras se presentarán en tamańo din A4 (tamańo folio) a partir del 17 hasta el 29 de abril en la Sala Blokearte.C/ Navarra, 17, Alcobendas. Las imágenes serán expuestas en la sala del 1 al 15 de mayo y el resultado se dará a conocer el viernes 19 en la misma sala a las 20 horas. Tienes más información en Imagina.
País de desarrollo ESPAŃA
Provincia MADRID
Municipio MADRID
Lugar de desarrollo Sala Blokearte. C/ Navarra, 17. Alcobendas.






06 abril 2006

THE NOSE (La Apertura)

Harding abriendo el largo del Techo asegurado por Calderwood en estribos




En 1955 Warren Harding y Royal Robbins escalaron juntos en un primer intento a la cara noroeste del Half Dome. Esperaban regresar en 1956, pero ese encuentro no se produjo. En 1957 Harding tenía organizado su propio grupo, y llegaron a Yosemite encontrándose a la cordada de Robbins a punto de salir a cumbre. Harding subió a la cumbre a esperarles, pero el siguiente salto después de esto quedó claro para él: sitiaría la Nose del Capitan.
Entonces comenzó uno de los grandes dilemas éticos de la historia de Yosemite: la escalada fijando grandes tramos de cuerdas. Un grupo de escaladores prefería que las paredes inescalables de la época quedaran a la espera de poder ser ascendidas en el estilo clásico o alpino (es decir, de un solo intento, como la ascensión del Sentinel o la del Half Dome). El otro grupo pensaba que hasta que nadie fuera capaz de hacerlo así, podrían ser usadas las tácticas de asedio con cuerdas fijas. El resultado fue obvio. Un grupo quedó inactivo, y el otro comenzó a fijar cuerda durante un largo período de 18 meses.
Si bien se suponía que las cuerdas fijas facilitarían la tarea y permitirían a los escaladores comer decentemente en el Lodge cada noche, Harding y los suyos nunca triunfaron en ese aspecto. El ataque final a la vía fue de 12 días sin poder bajar. Harding buriló durante 14 horas seguidas, en desplome y de noche, para llegar, tras 28 bolts, a la cumbre del Cap justo antes del amanecer.

La escalada aportó algunas importantes novedades. Bill “Dolt” Feuerer diseñó equipo especializado que luego no volvió a ser usado. La “Carretilla Dolt”, una especie de cesta de la compra con dos ruedas de bici, fue remontada hasta la Dolt Tower (a unos 350m del suelo), por medio del “Torno Dolt”, un aparato de remolque anclado con buriles en lo lato de aquella amplia repisa. Las razones para hacerlo fueron de índole humana. Los 350m de cuerdas pesaban mucho más que la carga útil que ascendieron. Los embrollos en la repisa con aquella larga cuerda fue algo que les minó bastante la moral. Harding no estuvo seguro, tiempo después, de si fueron realmente capaces de ascender más comida y agua de la que realmente necesitaron para hacer funcionar aquel artefacto.
Pasaron un total de 45 dias en la pared, y la actividad fue reflejada por primera vez en el Alpine Journal americano, en 1959.

A día de” hoy” (1973), durante rachas de buen tiempo pueden verse varias cordadas escalando el Cap del tirón. La Nose, en cualquier caso, fue temida durante unos cuantos años. Desde la apertura, hasta 1965, solo tuvo 3 repeticiones. “Hoy” (1973) es escalada hasta 3 veces al mes.


(Galen Rowell)





(Reseña escrita por Warren Harding poco después de la apertura)

Supongo que este artículo se podría llamar “La Conquista del Capitán”. En cualquier caso, en el momento en el que llegué a la cumbre después de burilar el desplome, no tuve muy claro quién era el conquistado y quién el conquistador: recuerdo que el Capitán parecía estar en mejores condiciones que yo.

Los buriles finales significaron el fin de una aventura que comenzó en Julio de 1957, cuando Mark Powell, Bill “Dolt” Feuerer y yo nos reunimos en Yosemite con objeto de hacer un intento a la cara norte del Half Dome. El caso es que al llegar encontramos a un equipo de excelentes escaladores del sur de California metidos en la pared, y con la ruta casi completamente abierta. Fue en nuestra decepción cuando decidimos, casi precipitadamente, darle un tiento a El Cap.

Estoy completamente seguro de que ningún escalador consideraba esta pared imposible. El término “escalada imposible” ya hacía tiempo que estaba obsoleto. El hecho de que, previamente, no se habían realizado intentos a sus 900m de pared vertical era sencillo, teniendo en cuenta la creencia común entre los escaladores, de que las técnicas no estaban suficientemente avanzadas para hacer frente semejante problema.
Después de tomar la decisión de meternos en la pared, pasamos un día entero buscando una ruta continua hasta la cumbre. Es interesante resaltar que la escalada discurrió exactamente por donde la habíamos planificado, con la posible excepción del largo del “Techo”, un formidable desplome a unos 600m del suelo. Presentí que sería mejor evitar este obstáculo por una fisura algo hacia el este, la cual acabó siendo solo una chorrera que nos obligó a negociar el “Techo”.




El Torno colocado en la Dolt Tower es manipulado por Harding y Powell



Era obvio que los métodos existentes para llevar adelante una escalada en roca tan sostenida serían inadecuados. Debido a la extremada dificultad de la misma, preveíamos una progresión lenta (quizá de entre 30 y 50m diarios). Pasaríamos muchos días en la pared, así que unas buenas repisas para vivaquear iban a ser algo bastante necesario. Desgraciadamente parecía haber pocas. Pero todos coincidimos en que no quedaba más remedio que realizar la ascensión mediante una sucesión de campos de vivac, unidos por cuerdas fijas. Además, los suplementos de material podrían ser ascendidos desde la base, si fuera necesario. Sería necesaria una cordada de soporte para atarnos las cargas y petates en las cuerdas de enlace. Durante toda la escalada, gente como John Whitmer, Cookie Calderwood, Ellen Searby y Beverly Woolsey contribuyeron al éxito de la escalada.
Nuestra táctica técnica fue similar a la que se usa para ascender grandes montañas, con ascenso en prusik, y rapeles por cuerdas fijas, sustituyendo los piolets y crampones por otro tipo de ayudas equiparables, y con tornos y cuerdas fijas en lugar de sherpas.





La Carretilla Dolt, la frikada padre.



El 4 de julio de 1957 comenzamos la clavada sobre aquella pendiente pulida por los glaciares. No había ninguna esperanza real de alcanzar la cumbre en ese intento, y nuestro objetivo inicial fue alcanzar “El Cap Tower”, esos gendarmes del flanco este del espolón que se yerguen en mitad de la pared.
Al tercer día llegamos a la “Sickle Ledge” (repisa de la hoz), a 150m de la base, donde establecimos el campo 1. Las siguientes cuatro jornadas se dedicaron a ascender en dirección a las “Towers”. La escalada era casi toda de clase 6, artificial, y tan difícil como se pueda imaginar. Finalmente, a 45m de la torre baja nos vimos forzados a abandonar. Nuestras patas de estufa convertidas en clavijas, que nos habían conducido casi 100m por aquellas fisuras de entre 5 y 8cm de ancho (las “Stoveleg Cracks”), estaban muy deterioradas y achatadas, hasta el punto de no poder utilizarse.
Entonces dejamos ancladas unas cuerdas fijas para no perder el punto alcanzado, y descendimos.



Las clavijas de patas de estufa, entre otras de la apertura



Según bajábamos nuestros espíritus entraron en depresión, al encontrar un nuevo e inesperado problema. Parece que nuestra escalada se había transformado en una especie de espectáculo para turistas, agolpados en la base de la pared. Los guardabosques estaban comprensiblemente afligidos con el tema, así que no quedó más remedio que abandonar nuestro asedio a la pared, hasta fin de temporada turística.


Uno de los péndulos de la apertura (Stoveledge Cracks)



Esto significaba que tendríamos menos días para escalar, y un tiempo mucho más inestable. Las dificultades del Capitán no se limitaban únicamente a la roca.
Acordes a nuestro pacto, nada se hizo hasta pasado el “Labor Day”, excepto cambiar las cuerdas fijas con unas nuevas más modernas que conseguimos, de 10,2mm.




Wayne Merry descansa en el Cap Tower durante la apertura



Empezando por un intento de 4 días (el día de “Acción de Gracias”), se sucedieron solo varios cortos ataques, hasta octubre de 1958, rebajando los 600m restantes de pared hasta el punto de solo ser necesario un ataque supuestamente definitivo. Las limitaciones de espacio me impiden describir toda la suerte de problemas que sobrevinieron en los meses siguientes, pero todo lo que se pudo torcer se torció.

Warren abriendo el King Swing

Lo primero, y probablemente lo peor, fue el accidente de Powell. En septiembre de 1957 tubo una mala caída en una escalada fácil, y se dislocó y fracturó un tobillo, cosa que le apartó de la acción durante una larga temporada (sino casi permanentemente). Además, el tiempo durante la primavera y el comienzo del otoño de 1958 fue abominable.
Por otro lado, el nuevo material que adoptamos, como el famoso “Torno”, laboriosamente arrastrado hasta la “Dolt Tower”, a unos 350m del suelo, no fue tan efectivo como se esperaba.
Otros problemas también surgieron cuando Powell y Feuerer dejaron ver que no admitirían nuevos integrantes en el grupo (yo no pensaba que nosotros 3 solos pudiéramos tener posibilidades en el Cap, desde que Powell, que había escalado muy bien en el primer intento, no estaba liderando ya casi ningún largo).
Esta disensión interna acabó con ambos fuera del proyecto, pese a seguir siendo utilizadas las numerosas y buenas clavijas de Feurer, así como el resto de sus aparatos. De ese modo continué con otros cualificados escaladores en este incierto proyecto.



El grupo después de bajar de uno de los intentos



A mediados de octubre de 1958 ya se había establecido el campo 4, a 550m del suelo, y el punto más alto alcanzado estaba a 600m del suelo, justo debajo del “Techo”.
El jefe de los guardabosques nos había dado fecha tope de finalización de la escalada hasta el día de Acción de Gracias. Nunca comprenderá el por que de esta imposición. Pero no me importó, ya que todos estábamos muy determinados para alcanzar la cumbre antes de la llegada del invierno.
Después de un buen estudio de los 300m restantes, Wayne Ferry, George Whitmore, Rich Calderwood y yo (que en ese ataque formábamos el equipo), coincidimos en que había que llevar a cabo un esfuerzo final.

El 1 de noviembre de 1958 ascendimos por las cuerdas fijas, en lo que, esperábamos, fuera el ataque final. El tiempo se había aclarado, y la fresca y suave brisa auguraba un placentero contraste con el anterior intento del 9 de septiembre, caluroso y con violentas tormentas.
Debido a que nos metimos más bien tarde, no alcanzamos el campo 4 hasta bien entrada la noche. Nos acostamos pronto y discutimos la estrategia del día siguiente.
A la mañana siguiente ascendimos la cuerda fija hasta el punto más alto alcanzado, y comenzamos el trabajo en el enorme y temeroso largo del “Techo”. Con mucho esfuerzo, y algo asustados, clavamos todo este tramo hacia la derecha, con ese desplome final de 180º, sobre los 600m de vacío que se abrían bajo nosotros.
A pesar de la impresión el largo no fue tan difícil como nos creíamos. Los siguientes siete días nos pulverizaron con su monotonía, si es que la vida en granito vertical a 750m del suelo puede ser monótona. Entonces, la tarde del domingo, el noveno día de escalada, se produjo una tormenta que nos obligó a descansar, de tanto petatéo y mazazo.
Sentados durante la tormenta en el campo 6, en la comodidad de nuestros sacos de dormir, y con una funda de nylon engomado que nos protegía del viento y la nieve, Wayne y yo valoramos la situación.



El saco de Harding roído por las ratas en el campo 4 , a 550m de altura



Menos Calderwood, que se había bajado con un fuerte ataque de nervios, todos estábamos en buenas condiciones. Whitmore estaba en un punto por debajo de nosotros, cerca del campo 4, y él comenzaría a subir con reservas de comida.
Nosotros habíamos estado abriendo vía los últimos 3 días, y cuando nos quisimos dar cuenta, ya nos hallábamos a menos de 100m de la cumbre. Un ataque definitivo nos debería colocar en la cumbre, en un día más como mucho. La idea nos gustaba. Ya estábamos un poco cansados de todo aquello.

La mañana del martes la tormenta cesó. Después de aquel parón, George, Wayne y yo abandonamos el campo 6 con comida extra y baterías para nuestras frontales. A media mañana llegamos al punto máximo alcanzado anteriormente, y, según comenzamos la clavada en el siguiente largo, oímos lo que parecían sonidos de bienvenida: unos cánticos a la tirolesa desde la cumbre. John Whitmer, Ellen Searby y Rick Anderson habían subido a recibirnos.
Incentivados por saber que estábamos cerca de cumbre, ascendimos veloces y entusiasmados, y clavamos dos largos más. Como a eso de las 4 de la tarde alcanzamos a la repisa que serviría de última reunión. Desde ella pudimos ver a John y Ellen bajando un poco hacia nosotros, a la vez que observábamos como era el tramo que nos faltaba: un largo de aspecto impresionante.
Los primeros 20m eran muy mantenidos, y de clase 6, a lo largo de una ancha fisura. Esta se terminaba bajo un muro desplomado desprovisto de más fisuras. Como unas 15 clavijas, 28 buriles y 14 horas fueron necesarios para superar este último tramo. Pero a las 6 de la mañana, aparecí por la cumbre y clavé la mirada a Ellen, que se estaba esforzándose en sacarme una foto, con sus más y sus menos para hacer funcionar el flash de su cámara.





Las chapas originales de la vía, que aguantaban más de una tonelada de peso




NOTA final: (Días totales de ascensión: 45, a lo largo de 18 meses / Longitud total de vía teniendo en cuenta los péndulos: 1020m / 675 pitones / 125 buriles, el 90% de ellos para progresión en artificial / La cantidad de kilómetros y kilómetros de ascenso en prusiks y rapeles no se ha calculado)

05 abril 2006

2º de EGB


Tiziano II
(2º de EGB)


(durante el paso clave de la vía)

Para todos aquellos que desean adentrarse en el fascinante mundo de los pedales, una propuesta fácil y bonita es la vía Tiziano II. (A0/ IIIº con un paso de A1)
Se encuentra en la Cara del Indio, a unos 20 minutos del Tranco.
La vía se caracteriza por 2 pequeñas salidas en libre de IIIº, la superación de un pequeño techo y tener que colocar un friend. (El truco en los techos es arrimarse bien a ellos. Cuidado al usar aquí la fifi no sea que luego no podais soltaros...)

Si no teneís el friend adecuado, tendreís que pensar cómo poder superar el paso. (Comienza la verdadera escalada artificial)

(Tras haber superado el paso sin usar friend)


Una vez hemos llegado arriba encontraremos 3 párabolt de descuelgue. Montamos la reunión y bien fijamos cuerda para que nuestro compañero recupere el largo "jumareando" o le aseguramos para que suba pedaleando.

Para bajar del risco, se destrepa por detrás.




(Salida en libre para llegar a la reunión)



Material recomendable para la vía:
  • 1 alien rojo o cámalot 0.75.
  • Cintas expres (como 12 o 15)
  • Alguna cinta larga de 60cm. para evitar zig zags.
  • Pies de gato.
  • Fifi.
  • Estribos.
Material mínimo para la vía (y mucho ingenio):

  • Cinta de 3 metros.
  • 8 cintas expres



fotografías por Galo y Maria.








03 abril 2006

Se busca responsable.

- Al propietario de unas cabezas de plomo aparcadas en la vía "Colmillo de Marfil" de El Elefante, haga el favor de retirarlas del depósito de plomos. Póngase en contacto con nosotros.









Mari Paz

Justo cuando todo el mundo vuelve de La Pedriza, nosotros íbamos. Sería pasada las 6 de la tarde cuando comenzamos con el primer largo de la Mari Paz. La idea era haberla escalado rápidamente, pero la resaca hizo estragos. Ya al principio se notó que la cosa fallaba.


Recuperar el largo bien, a base de jumar no se tarda nada. Ahora han puesto 2 clavos más en el primer techo y es más sencillo salir de él. El segundo techo rapidito, mientras, kiko se duerme en la reunión de abajo.


Lo más dificil fue cazar una chapa que pilla muy alta y la roca te echa un poco para atrás. De esas que luego todo el mundo es capaz de alcanzar porque tiene mucho equilibrio y se pone en primeros haciendo tensión de la fifi y no sé que más aventuras... Pues yo no la pude coger así. Yo tuve que coger una fifi y pescarla, darme el paso y a otra cosa. Luego viene una salida en libre. Me puse los gatos y por un granito muy arenoso hacia la reunión. Desperté a Kiko y subió desaciendo el largo.


Ya estaba un tanto oscuro allí en la cima. Rapelamos por donde habíamos subido con ayuda de los frontales. Un rapel volado de casi 40 metros alucinante para llegar al suelo.
Recogimos la cuerda y todo el material y de vuelta a casa.




Algunos datos de la vía:

3 largos, (Ae/IV) 40 metros.
Párabolt y como 5 clavos fijos en el primer techo.
Reuniones equipadas.

Se recomienda unir el primer y segundo largo en uno sólo.

Material: como 15 expreses (preveer algunas largas de 30 o 60), gatos para la salida.

El descenso se puede hacer rapelando los techos (40m) lo cual es una pasada, pero luego para recuperar las cuerdas os tendreis que separar mucho de la pared y tirar con ganas, pues al principio roza un poco. Si preferis un descenso más normal, hay gente que habla de un destrepe o un rapel por la cara opuesta (algo que no hemos probado)

01 abril 2006

Primera repetición a "Micronaut 0"



Es una vía muy bonita para poder entrenar. Durante la ascensión llegaron a saltar 3 de los 7 seguros que probé durante toda la escalada. Un poco más allá de la mitad de la vía encontré un emplazamiento que creo es bueno para un Nut del 1, lo que haría que la vía se decotase a C2b. Pero digo creo y tendrá que ser la siguiente repetición, la que se encargue de apreciar ese aspecto. Ya arriba del todo, cerca del descuelgue y debido al equipamiento de "aquaria", hay un párabolt. Dicho párabolt no interfiere en la dificultad técnica de la vía, aunque psicológicamente te puede dar un respiro si vas muy pillado arriba. Sólo nos ahorraría 2 pasos de micro fisureros llegando al decuelgue.

Lo más dificil de la vía es el correcto emplazamiento de los fisureros. Buscar el lugar adecuado para el fisurero adecuado e ir suave.


En consecuencia al párabolt, la vía se dividiría en 2 tramos de C2b si no pillamos el párabolt o un tramo de C2b y otro de C2a si cogemos el párabolt.

El material utilizado por mi ha sido de 6 microfusureros y un nut del 1. (Sin coger párabolt)